Este extremeño de 33 años acaba de publicar ‘La extrañeza de un cielo que no es el tuyo’, su primera novela
Una batalla ganada
Fue concretamente en Cáceres el lugar donde, en 1971, nació Luis Morales, aunque en el libro con el que se revela como escritor, ‘La extrañeza de un cielo que no es el tuyo’, sitúa su cuna en el impreciso ámbito de la Península Ibérica. Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), a los 23 años se marcha a Madrid, donde reside actualmente después de haber pasado varios años en Portugal. Acaso por tener el corazón repartido entre los dos países ha preferido adoptar la naturaleza ibérica como dato de identidad. Por ahora, no se plantea dedicarse por entero a la literatura y sólo aspira «a contar las cosas que tengo en la cabeza».
Aunque se sienta un poco de todos los sitios en que ha vivido y a la vez de ninguno en particular, lo que Luis Morales nunca dejará de ser es «un chico de provincias, y aunque me vaya a vivir mil años a los anillos de Saturno nunca dejaré de ser de un chaval de Cáceres».
De este ‘chaval’ cacereño aparecía una reseña en el suplemento de cultura de un periódico nacional la pasada semana con motivo de la aparición de su primera novela. Con el sello de la casa asturiana Septem Ediciones acaba aparecer ‘La extrañeza de un cielo que no es tuyo’, obra de juventud que el autor ha ido perfilando y retocando en los últimos años hasta conseguir la versión definitiva.
La vida y experiencia de Luis Morales está, en cierta medida, recogida en el argumento, de la misma manera que Cáceres puede identificarse como el espacio en que se desarrolla. «Toda novela, en mi opinión, tiene mucho de personal, porque al fin y al cabo uno escribe de lo que sabe, lo que siente o lo que le afecta. En este caso no es totalmente autobiográfica, pero sí me veo bastante reflejado en ella».
También «de una manera encubierta», la capital cacereña presta su marco a cuatro amigos que salen de marcha por los bares para celebrar su reencuentro. «La novela no se sitúa en un lugar concreto. Podía ser Madrid, pero puede adivinarse una vida fuera y esa sí podía tener lugar en Cáceres», comenta.
Inquietudes literarias
Las inquietudes literarias se le despertaron a Luis Morales en plena juventud, antes de abandonar el hogar familiar. Con 19 años empieza a escribir sus primeras narraciones, muchas de las cuales todavía guarda y ha titulado ‘Relatos de cartón’. «Aquella etapa fue de aprendizaje y experimentación, sin tener las cosas claras todavía», confiesa.
De aquel ‘sarampión’ literario de juventud que todavía persiste es fruto ‘La extrañeza de un cielo que no es el tuyo’ en el que proyecta un cuadro social a través de las actitudes, comportamientos e ideas de los cuatro personajes centrales.
El autor ha intentado, simplemente, de dirigir «una mirada lúcida dedicada a los tiempos que corren». Admite que pueda ser una crónica o retrato de una generación, «pero de ningún modo he pretendido realizar un análisis sociológico generación», puntualiza.
En todo caso, matiza, se trataría de «una foto tomada en el camino, una instantánea lúcida, pero nada pretenciosa» cuyo valor es el de cualquier testimonio. Con toda la carga de realidad que pueda llevar, «no deja de ser una novela y como tal pura ficción», observa.
El juicio que ha merecido a los críticos no es demasiado favorable, y para uno en concreto la novela resulta ser «una especie de preservación que, por un lado mimetiza la banalidad actual y, por otro, intenta incriminarla refugiándose en el convencimiento de que ‘son malos tiempos para la emoción, el sosiego, la búsqueda, la versatilidad y el delirio poético».
Sabor agridulce
Desde ese punto de vista, el autor cacereño, formaría parte de «un limbo muy poblado de escritores quejumbrosos que no logran asentarse en los predios de la cultura». El comentario que aparecía la pasada semana en el suplemento ‘Babelia’ ha dejado en Morales un sabor agridulce, aunque lo que más le importa es que su novela guste a los lectores.
En cualquier caso, no tiene el menor reparo admitir que no ha escrito «una obra redonda, sólo valiente, creíble, digna y honesta, dotada de contenido y sustancia además de algo gamberra». Es consciente de que no ha escrito un libro convencional que comercialmente pueda resultar atractivo, por lo que desconoce el éxito que pueda tener.
Se ha decidido a publicarla porque «siento mucha curiosidad por saber qué es lo que puedo llegar a hacer, cuáles son mis limitaciones, pero también mis potencialidades. Esta novela contiene las semillas y los frutos de mañana».
Comenzó a escribirla hace ocho años, cuando contaba 25, y en este tiempo el texto ha ido sufriendo muchos retoques y ajustes. Tras algunas reescrituras hace cuatro años concluye la versión definitiva «aunque el esqueleto originario se mantiene».
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