En la delirante vorágine del mercado editorial, que lanza a los puntos de venta unos 70.000 títulos anuales, ocuparse de un libro publicado hace ya un año, en 2004, como es el caso de la excelente novela ‘El ojo fatigado de la luna‘, del riojano Antonio García Aparicio, puede parecer ya hacer profesión de obsolescencia. Y, de hecho, probablemente todos los suplementos literarios de los diarios, con su fiebre por la actualidad, cerrarían las puertas a un libro publicado hace un año. ¿Puede haber aberración mayor, desde un punto de vista estrictamente literario, cuando, para un novelista, no hay modelos mejores que ‘El Quijote’, ‘Madame Bovary’, de Flaubert, ‘Los hermanos Karamazov’, de Dostoievski, ‘En busca del tiempo perdido’, de Proust, o ‘Pedro Páramo’, de Juan Rulfo, la más joven de las novelas mencionadas pero que, aunque todavía su primera edición anda muy lejos de los 400 años, como ya los ha cumplido el Quijote, no obstante ya pecha con 50 añitos a sus espaldas desde su salida al mundo en México? Y precisamente ‘El ojo fatigado de la luna’, ya en su primera página, muestra su deuda con ‘Pedro Páramo’, y una deuda, por cierto, noble pues Antonio García Aparicio no calca miméticamente los procedimientos literarios de Rulfo sino que los asimila bien y se sirve de ellos de un modo personal. En la primera parte de la novela, ‘La Partida’, en el momento en que zarpa de Cádiz el barco que llevará a José, huérfano de padre inglés, a Inglaterra, le vienen a la memoria las últimas palabras de su madre: “Quiero que busques a la familia de tu padre. Quiero que me lo prometas. Prométeme que lo harás. Sólo así me moriré tranquila” Y en homenaje al medio siglo de Pedro Páramo —que a tantos novelistas de lengua española les dio pistas de por dónde debían caminar sus ficciones, incluido García Márquez que reconoce, incluso con alegría, sus deudas con Faulkner pero que mira para otro lado cuando se le recuerda su deuda con Rulfo— vaya aquí el memorable comienzo de la novela de Juan Rulfo: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera” Si analizamos la prosa de las dos frases citadas vemos que tanto en Rulfo como en García Aparicio el registro de la lengua es coloquial. Hay una gran velocidad en la narración porque los novelistas huyen como de la peste de ese error seudomodernista de complacerse en los fuegos artificiales del lenguaje. En ‘Pedro Páramo’ y en ‘El ojo fatigado de la luna’, ambas novelas muy dramáticas, hay mucho diálogo, un procedimiento que multiplica los efectos teatrales de la acción. La acción de la novela, ambientada en 1830, transcurre en Londres, París, Lisboa, con regreso del protagonista a España.

En la primera parte de la novela, ‘La Partida’, en el momento en que zarpa de Cádiz el barco que llevará a José, huérfano de padre inglés, a Inglaterra, le vienen a la memoria las últimas palabras de su madre: “Quiero que busques a la familia de tu padre. Quiero que me lo prometas. http://www.septemediciones.com/c_ficha_libro.php?id_publicacion=84

Fuente: Revista La Clave http://www.laclave.net/criticas.php3?id=705

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