Portada del libro.
El empresario ovetense Luis Hernández Berasaluce presentó el pasado martes un libro titulado «El ser humano en el líder» que reflexiona sobre la importancia del trato humano en las labores de dirección empresarial.

-¿Qué aporta su libro al amplio panorama de ensayos de ayuda para empresarios?

-Es un enfoque radicalmente distinto. Ahora el directivo adquiere habilidades y métodos de trabajo y yo sostengo que eso es como los jueces que, con veintipico años, aprueban una oposición sin saber nada de la vida; es absurdo que pueden juzgar. Esto es lo mismo: se pueden aprender todas las habilidades del mundo, pero como no sea una persona para tratar con personas no te valdrá para nada. Es como enseñar a conducir a un ciego.

-¿Qué valores debe tener un líder empresarial?

-Fundamentalmente, la humildad. Esto quiere decir asumir la limitaciones propias para después poder asumir las de los demás; entonces empiezas a comprender por qué y cómo ocurren las cosas. Solemos juzgar las cosas por fotografías y no por procesos. Vemos que la comida está mala, pero no nos preguntamos por qué. Quizá la cocinera estaba enferma y no hemos reparado en el esfuerzo que ha hecho para hacer la comida. Luego, algo fundamental para la vida, que es la introspección: mirar lo que ocurre dentro de ti. La sociedad occidental vive de puertas para fuera.

-¿Es difícil encontrar a un buen líder?

-Es difícil porque equivocamos el tiro. Nos fijamos en adquirir conocimientos y no en ser personas, que es la clave. El día en que pensemos que primero es ser personas y después adquirir conocimientos todo será más fácil.

-¿Es ajena la condición de líder a la disciplina? ¿Podría ser un líder de un equipo de fútbol un líder empresarial?

-¿Por qué no? Ahí está Jorge Valdano, que fue líder de un equipo de fútbol y ahora es un líder empresarial que da formación. Hay otros que también lo hacen.

-¿Cuánto varía una empresa con los trabajadores motivados y bien liderados?

-Quien haya entrado en alguna administración pública o en alguna empresa donde la gente lea el periódico, que piense en el potencial que se está desperdiciando. Es fundamental que el equipo esté cohesionado.

-¿Cuáles son la mejores formas de motivar?

-No creo que nadie pueda motivar a ninguna persona. La motivación la buscamos dentro de nosotros mismos. Las organizaciones deben procurar no desmotivar. Muchas veces los sistemas generan una corriente en contra de la persona motivada y acaban desmotivándola. Hay mucha formación sobre esto y la gente sigue llegando desmotivada, no hay una píldora mágica. Si nosotros no buscamos nuestro sentido de vida, nadie nos lo va a dar.

-¿Cómo evitar desmotivar a alguien con un trabajo muy desagradable? ¿sólo con dinero?

-Se necesita un mínimo de economía para no sentirte humillado; a partir de ahí te olvidas del dinero. Hay que pensar en el primer día de trabajo del empleado porque si le encontramos a los diez años escaqueándose porque le han pagado mal y le han hecho alguna faena, es imposible entonces. A una persona que empieza a trabajar como descargador de muelles lo único que podemos hacer es encontrarle sentido a lo que hace. Yo me reúno con los trabajadores de menor nivel de mi empresa y les explico que su tarea es importante porque es un eslabón imprescindible de la cadena. Evidentemente, alguien con un trabajo horrible no debería nunca estar más de cinco años haciéndolo, hay que variar.

-¿Tienen el mismo problema los directivos?

-Sí, le ocurre igual al mozo de almacén que al presidente de una gran compañía. Parece que los trabajos más forzosos son los peores y probablemente no sea así. La labor de mandar gente es muy ingrata cuando ves lo desagradable que son muchas veces contigo. Todos podemos motivarnos o desmotivarnos, es subjetivo.

-¿No le parece que sus reflexiones se dirigen sólo a trabajadores cualificados?

-No, al revés. A un mozo de almacén se le enseña y quiere aprender para promocionarse. Es más fácil hacerlo en gente de menos nivel que en titulados; además, son más agradecidos. Los titulados somos más desagradables y nos creemos todos mucho.

-Muchas empresas esperan al último día del contrato para renovar o despedir a alguien.

-Es inhumano. Es la mejor forma de desmotivar al trabajador. Lo primero que se pide es fidelidad y compromiso a la empresa.

-¿Influye realmente la gran cantidad de libros publicados sobre estos temas?

-No, las estadísticas lo dicen. La gente se fija en la habilidad directiva, pero es un problema de actitud, no de conocimiento. Hay que querer ser persona y tratar a las personas como personas. Todo lo demás será el fracaso que estamos viviendo.

-¿Funcionan mejor la pymes en relación con estos valores?

-La pyme siempre ha estado más denostada, pero funciona mejor porque hay mayor fidelidad. El contacto es muy directo entre el más alto dirigente y los empleados. No creo que Botín conozca a muchos de sus empleados: echar a 10.000 le da igual.

-¿Está más capacitado un psicólogo para dirigir una empresa que un economista?

-En teoría, sí, está más preparado para conocer personas. Otra cosa es la práctica. Yo soy ingeniero y no sé hacer diseños. Lo importante es la experiencia. Los psicólogos cada vez penetran más en la empresa. En el área de personal tienen una aplicación fantástica.

-¿Se acercan sus postulados al quehacer del presidente Zapatero?

-Desconozco la línea de Zapatero. Es cierto que no es un dirigente autoritario, aunque tiene una parte negativa: que se le suben a las barbas. Al menos, ha creado un estilo nuevo de hacer política. En política vemos constantemente que se vota en contra de los señores autoritarios.

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