Antonio Garrigues, Melchor
Fernández y Luis Arias durante
la presentación del libro.
El abogado interviene en la presentación de la última biografía del filósofo, escrita por Arias Argüelles-Meres

José Ortega y Gasset es, a los cincuenta años de su muerte, más necesario que nunca. Así lo creen Antonio Garrigues Walker, presidente de la Fundación José Ortega y Gasset, y el escritor Luis Arias Argüelles-Meres, autor de «Buscando un Ortega desde dentro», la última biografía del filósofo madrileño que ayer se presentó en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA. En el acto también intervinieron Melchor Fernández Díaz, adjunto a la dirección general de LA NUEVA ESPAÑA, y Marta Magadán, responsable de Septem, la editorial que ha publicado el libro.
Garrigues Walker mira a su alrededor y no atisba por ningún lado el espíritu orteguiano de curiosidad intelectual ante todo lo que se cuece en el mundo. «No hay ahora demasiados “ortegas”, personas que dominen el saber de su tiempo», lamentó. Muy al contrario, lo que abunda, a su juicio, es la abulia intelectual ante fenómenos políticos, sociológicos o científicos fascinantes como las revueltas de Francia, el auge del fundamentalismo religioso en Estados Unidos, la miseria africana, el apogeo económico chino, el integrismo islámico, la revolución tecnológica, la llamada de los nacionalismos, la secuenciación del genoma o la clonación». Ortega, advirtió Garrigues Walker, no habría desaprovechado la oportunidad de extraer toda suerte de lecturas filosóficas sobre estos fenómenos: «Hay que recuperar ese vértigo intelectual y, como Ortega, perder el miedo a la filosofía para que nadie se niegue a buscar el porqué de las cosas». «El conocimiento de otras culturas», continuó, «es una obligación moral, no un problema estético, pero el grado de ignorancia que hay en España ante todo lo que ocurre en el mundo es escandaloso». Sin rodeos: «Asistimos a un déficit mental de internacionalización». Fuera de la cultura y el conocimiento no hay felicidad posible, aseguró el prestigioso abogado. Y la búsqueda del conocimiento conduce inexorablemente al movimiento y la innovación. En esa faceta, dijo, Ortega fue un maestro consumado: «Su mensaje es que no podemos dejar de innovar porque sin innovación no hay futuro». Pero España no innova. De hecho, está en el furgón de cola de la Europa tecnológica.
Garrigues Walker agradeció iniciativas como la de Argüelles-Meres para mantener viva la fascinación por el autor de «La rebelión de las masas». Argüelles Meres, columnista habitual de LA NUEVA ESPAÑA, también habló sobre la vigencia del pensamiento de Ortega: «Este país no puede prescindir de él bajo ningún pretexto», declaró.
En su último libro, Argüelles-Meres censura el maltrato al que fue sometido Ortega «por los extremismos de ambos lados del espectro político». «Su condición de español», añade en el epílogo, «no sólo fue un lastre para que su obra fuera reconocida fuera de nuestro país, sino que también produjo de manera inevitable el cainismo dentro de su tierra». «Podría haber sido el Sartre español pero renunció al encumbramiento por ser consecuente con sus ideas», sentenció Arias. Y denunció el uso partidista que aún se hace de su obra: «Es de un mal gusto imperdonable utilizar políticamente a Ortega». «En una época como la actual, en una sociedad inculta como la nuestra, Ortega no sería un escritor cómodo porque combatiría la zafiedad; él nunca fue un mercenario, no elogiaba a los poderes».
Melchor Fernández Díaz, por su parte, aplaudió la «valentía y la honradez» de Arias Argüelles-Meres al aportar durante los últimos años su voz al debate público en Asturias, caracterizado precisamente «por la falta de voces independientes». También valoró su «fidelidad» a Ortega y Gasset al margen de modas: «En su último libro hace una reivindicación inteligente de Ortega y propone la vigencia de su pensamiento y de su obra», resaltó Fernández Díaz.
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