El Jurado del IV Premio «Letras» de novela corta decidió otorgar IV Premio «Letras» a la obra «Nunca dejes que te cojan» escrita por Miguel Ángel González González.
El autor, Miguel Ángel González González (Madrid, 1982), es Diplomado en Realización Audiovisual. Desde el año 2004 es socio de la productora de cine La Cucaracha Films, donde realiza funciones de director y guionista.
El certamen de novela corta convocado por Septem Ediciones ha recibido en su cuarta convocatoria 127 borradores, provenientes de distintos puntos de España, Norteamérica e Iberoamérica. Por países, corresponde a España el mayor número de borradores presentados con el 84%, el resto proceden de Canadá, Uruguay, Bolivia, Colombia y Argentina. Por Comunidades Autónomas destaca la presencia de novelas originarias de Cataluña (35), seguida de Madrid con 23 originales, Andalucía y Asturias con 8, Aragón (6), con 5 borradores de cada Comunidad, tenemos Extremadura, Galicia y Castilla-León, le siguen con 4 Valencia y Castilla-La Mancha, Baleares (2) y Canarias con 1 original.
El Premio, que se entregará en el transcurso de LibroOviedo 2006, consta de una dotación económica de 800 euros y la publicación de la obra ganadora por Septem Ediciones.
«Nunca dejes que te cojan» es una historia sucia que conecta de un modo directo, crudo y sin paños calientes, con la palpitante realidad de nuestros jóvenes: esas promociones posteriores a la denominada, como generación X que, en el corto plazo, deberían ir encontrando una posición en la compleja estructura social y dar sentido a su vida pero que, finalmente, acaba por no ser posible o, de serlo, resulta tan desolador el resultado que termina por hacerse cierta la frase con la que el autor levanta el frontispicio de su obra: «Desde la carretera es fácil confundir las luces de neón de los prostíbulos con las puertas del Cielo». Con un lenguaje propio de un superviviente, el personaje abre una rendija para que observemos -como en un lúbrico ejercicio de voyeurismo social- el día tras día de una realidad kafkiana marcada por las mil y una precariedades que trazan la existencia de Benjamín, alias Benji, nuestro protagonista, y la de quienes comparten con él ese escenario de la vida: precariedad laboral, precariedad ética, precariedad moral…precariedad vital, en suma. Benji es un ángel urbano rodeado de demonios. Fregaplatos, encuestador, vigilante de seguridad, administrativo especializado en destruir documentos,… mil oficios y mil infiernos.
Su autor ha sabido hacer de su escritura una red que atrapa las emociones, las manifestaciones de lo no verbal, logrando que el lector capte no sólo lo que se transmite de modo literal en el texto sino lo que se puede percibir en el ambiente denso en el que Benji se mueve: un joven veinteañero en el inicio de la historia, fruto de una familia templada y gris ante la que no quiere aparecer, tras su independencia, como un fracasado. Nuestro personaje protege su integridad moral a través de su agudeza en la percepción de situaciones y capacidad de reacción verbal ante las constantes amenazas de su entorno cotidiano. Un humor ácido y permanente envuelve la reflexión de Benji a lo largo de todo el discurso narrativo. Un humor que le confiere aún si cabe más ternura e inocencia. La historia de Benji es una historia sorprendente con un final peculiar que no desvelaré pero que animo a todas y todos ustedes a recorrer.
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