«Llama la atención que Asturias no muestre su orgullo cultural por ser la región con más discípulos orteguianos»

El Foro Jovellanos será escenario el próximo jueves, día 19, de una charla del profesor de Literatura y columnista de LA NUEVA ESPAÑA Luis Arias Argüelles-Meres, en la que el conferenciante hablará de las conexiones entre Ortega y Gasset y Jovellanos. Arias Argüelles-Meres es autor de la biografía «Buscando un Ortega desde dentro», y ha reivindicado el excepcional peso del pensador y ensayista en la cultura asturiana del siglo XX.

-Algo que no suele enarbolarse desde ningún lado.
-No, aunque, estadísticamente, Asturias es la tierra que ha dado más discípulos de Ortega. Llama la atención el hecho de que eso no se recalque, que no sea uno de los orgullos culturales que podemos exhibir. No deja de ser curioso, dado que Ortega era un castellano militante, y en parte un andaluz militante, que dejase más discípulos que en ninguna otra región aquí, en una sola provincia.

-¿Cuál era la posición de Ortega ante Jovellanos?
-Se ocupó de Jovellanos sobre todo en su biografía sobre Goya. Y en esas páginas cabe destacar el modo en que aplica a Jovellanos una de sus ideas sobre el XVIII, del cual Ortega critica lo plebeya que es la sociedad y la aristocracia, que es la clase que debería estar obligada a no serlo. Esa crítica la hace extensiva, en términos estrictamente de formas, a Jovellanos, a quien le reprocha que cuando habla de toros se exprese con esa misma plebeyez, como un apoderado taurino, contagiado por la plebeyez de la época. También criticó a Jovellanos en otros asuntos, aunque injustamente.

-¿En cuáles y por qué?
-Ortega es fundamentalmente injusto con Jovellanos cuando le critica que no fuera capaz de percibir la genialidad de Goya. Eso es verdad, porque Jovellanos sólo ve a Goya como retratista, pero también es una injusticia, porque Jovellanos no pudo conocer la obra más genial de Goya; de una parte, por su vida errante de principios del XIX, y, sobre todo, porque muere antes de que Goya produzca sus obras más geniales. Es algo que no se comprende bien, teniendo en cuenta la cultura de Ortega.

-Una «boutade», entonces.
-O una media verdad, que, como dijo Machado, es la peor de las mentiras.

-Pero las conexiones intelectuales, ideológicas y políticas entre ellos van más allá…
-Sí, existen varios paralelismos: el didactismo de los dos, su sentido del servicio público y el hecho de que tanto Jovellanos como Ortega no fueron políticos, aunque se metieron en política con proyectos que en los dos casos se frustraron. Cuando digo didactismo no me refiero a un estilo didáctico, sino a su conciencia de la urgente necesidad de culturizar a la sociedad, con las lógicas diferencias entre la mentalidad de alguien del XVIII y la de alguien del siglo XX. También comparten algo que, entrecomillando mucho, podríamos llamar su carácter «liberal», y digo entrecomillando porque «liberales» se dicen ahora hasta los franquistas; pero ambos lo eran en el sentido de que defendían la emancipación frente a ideas del pasado y quisieron verlas plasmadas en proyectos políticos.

-Que no sólo no cuajaron, sino que tuvieron mal final.
-Así fue: en el caso de Jovellanos, el de una sociedad ilustrada que nunca llegaría a existir, y en el de Ortega, el de una República que sí llegó a existir, pero no del modo en que él la quería.

-Otra cosa que comparten son los intentos de apropiación -y los rechazos- desde bandos ideológicos muy distintos.
-Los dos han sido objeto de apropiación indebida, y además con desconocimiento de su obra. Son dos autores de los que se habla mucho y a los que se lee poco. Es que lo fácil es coger una frase fuera de contexto y sacar conclusiones de ellas. Así es como se ha hecho de Jovellanos un conservador, cuando en el contexto de su tiempo no sólo no lo era, sino que era alguien con ideas subversivas. No era un conservador, como tampoco lo era Ortega.

-Sobre Jovellanos siguen apareciendo cada tanto nuevas perspectivas de estudio. ¿Sucede lo mismo con Ortega?
-En los últimos diez años, y por parte, curiosamente, de asturianos otra vez, se han escrito varios libros interesantes y polémicos sobre Ortega. La penúltima aportación polémica -la mía ha sido la última- fue la de Gregorio Morán, que, en mi opinión, ha sido injusto con Ortega.

-¿Por qué motivo?
-Porque ha querido hacer lo que se llama una «biografía justiciera». Morán reprocha a Ortega haber estado cobrando el sueldo de catedrático por parte del régimen franquista cuando en realidad no le dejaban dar clases. Pero Abellán, en otro libro, ha utilizado documentos familiares para demostrar que lo que se hizo fue intentar compensar lo que Ortega necesitaba ingresar para tener una jubilación digna. De todos modos, cobrar sueldo del régimen no es de lo más deleznable cuando aquí los principios del movimiento los juraron todos los rojos, incluido Gustavo Bueno.

-En todo caso, siguen siendo personajes escurridizos.
-Fueron dos personajes difíciles de encasillar porque no fueron sólo escritores, sólo pensadores ni sólo políticos. Estudiarlos es complicado, porque se resisten a una sistematización y dan muchísimo de sí.

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