El exconcejal socialista Carlos Fernández Llaneza publica la historia del acueducto de los Pilares, del que actualmente solo queda en pie una mínima representación.

“Se imagina un acueducto en Oviedo, de 41 arcos, que fuera desde San Pedro de los Arcos por la calle Cervantes hasta el mismo corazón de la ciudad y que, además, se pudiera pasear por encima de él?”, ésta es la pregunta que lanza el exconcejal del grupo municipal socialista, Carlos Fernández Llaneza, en su libro sobre los Pilares, publicado por Septem Ediciones y que responde “a preguntas sobre por qué se hizo?, por qué se tiró cuando era un emblema de la ciudad?”, indica el autor.

El acueducto, con un barracón de madera para fumigar a quien entraba o salía de Oviedo.

Carlos Fernández Llaneza, que califica la construcción de “fantástica” bucea en archivos municipales, en prensa, recoge fotografías antiguas compradas en el rastro y va desgranando la historia de este acueducto que fue la solución en el siglo XVI para una ciudad con problema de abastecimiento de agua. Una obra que, pese a ser Bien de Interés Cultural (BIC), vio la piqueta –quedan cinco arcos– bajo el pretexto del desarrollo urbanístico de la ciudad y la necesidad de una estación de ferrocarril.
La construcción, con la iglesia de San Pedro al fondo. El autor de Los Pilares de Oviedo recuerda que era 1537 cuando los regidores de la ciudad dan el visto bueno a la obra, que finalizó en 1599, con un gran coste –15.500 ducados sufragados con censos y sisas sobre el vino y la sidra–. Finalmente, una traída de unos ocho kilómetros, con 41 arcos, una longitud de 390 metros y una altura superior a los 10 metros solucionó el problema del agua durante casi tres siglos. La obra se encarga al maestro Juan de Cerecedo, pero diferentes problemas hace que sea el fontanero mayor de Valladolid, Gonzalo de la Bárcena, quien la termine. El agua se captaba en el manantial de Fitoria y en Boo, e iniciaba un viaje por un encañado que faldeaba la cuesta del Naranco, tras el paso por el acueducto llegaba a la Puerta Nueva, para allí juntarla con las de la fuente de ese nombre y distribuirlas por la ciudad. De hecho, tal como afirma Carlos Fernández Llaneza, “en el trazado de la llamada pista finlandesa se puede ver todavía parte de este encañado”. El acueducto llegaba desde la proximidad de la iglesia de San Pedro hasta lo que hoy es calle de Cervantes, algo más arriba del cruce de ésta con Marqués de Teverga.

Llaneza sitúa en el 21 de septiembre de 1875 su final. Las autoridades bendicen las aguas de un improvisado surtidor en el paseo del Bombé, que captaba agua de los manantiales de Ules y Lillo, con la consiguiente instalación de 1.525 metros de tubería de hierro para el sifón con que se salvaría la vaguada entre San Pedro de los Arcos y la parte alta de Oviedo. Empieza la cuenta atrás para el derribo, con una gran polémica que duró entre 1902 y 1915, fecha de su demolición. Por el medio –como si fuera hoy– sospechas de oscuros intereses de la Compañía del Norte y de algunos particulares.

El argumento oficial: la Compañía del Norte ofrecía salvar con un puente el paso a nivel de la Argañosa, los materiales del derribo darían algunos fondos al ayuntamiento — 5.436,76 pesetas por las piedras que se destinarían a la construcción de algunos edificios– trabajo a los obreros y que la obra de Pilares no era artística, ni útil, ni bella, ni histórica ni ovetense y sí un obstáculo a la calle que a lo largo de ellos se abriría, hoy calle Cervantes.

Entre las voces que criticaban la demolición estaba Fermín Canella, cronista de la ciudad, cuyos alegatos obligaron en alguna ocasión al ayuntamiento a dar marcha atrás en su decisión. Los debates son continuos. En noviembre de 1905 el ayuntamiento autorizó el derribo –aludiendo a la necesidad de desarrollar la estación del tren, entre otras cosas, así como por “el bien de Oviedo”–. Esta decisión tuvo sus recursos y paralizaciones. Sin embargo, el 11 de enero de 1915 comienza el derribo .

Ya en el actual siglo XXI, en diciembre de 2001, el Ayuntamiento de Oviedo encarga un proyecto para la restauración de lo que queda del acueducto. La obra se desarrolló en 2005, con un presupuesto de 33.000 euros aportados por el ayuntamiento y la Consejería de Cultura.

El agua en 41 arcos ( La Voz de Asturias – 08/07/2007 )

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