«Es un libro con instrucciones de uso, no puede ser leído con hambre». Estas palabras del escritor Fernando Menéndez dejan ver una parte importante del festín de «Pasajero en Asturias. De ilusiones palpables y otros manjares», presentado en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA y publicado por Septem Ediciones. Su autor, Antonio Valle, recorrió 24 concejos de Asturias con los sentidos a punto para captar todo aquello que, bien por la vista o el oído y, sobre todo, por el gusto, llamara su atención. Los artículos ahora recopilados se publicaron en el suplemento «La Nueva Quintana» de LA NUEVA ESPAÑA.

En la foto, un momento de la presentación.
En palabras de Menéndez, «nos cuenta lo invisible de lo visible», las pequeñas cosas, los detalles que no da la proximidad, sino la capacidad de la mirada. Otra de las recomendaciones a la hora de leer «Pasajero en Asturias» es la falta de categoría para el libro: es un libro de viajes pero no una guía turística, es un libro de gastronomía pero no ofrece receta alguna, se refleja el temperamento del autor pero no es un diario personal.
En la foto, de izquierda a derecha, Miguel Trevín, Marta Magadán, Antonio Valle y Fernando Menéndez.
Miguel Trevín, presidente de la Asociación de Turismo Rural Oscos-Eo, definió al narrador del libro como alguien que «intenta ser padre, surfero, pirata, volador de cometas o buscador de tesoros, pero, sobre todo, alguien que nos ofrece un conocimiento del medio rural muy difícil de obtener». Aunque la meta de la narración sea encontrar un sitio donde comer, el cómo y la compañía llevan las más de las veces a condimentar el relato con personajes y lugares hasta conseguir una nueva receta del conocido plato asturiano. «El lector de este libro se repanchinga en su asiento orgulloso de los territorios que ha conquistado, que ha leído», describió Menéndez. Antonio Valle lo definió como una «invitación a salir y conocer Asturias», y se mostró dispuesto a continuar la saga. Preguntado por la anécdota que más le marcó del proceso de escritura, el autor describió entre sonrisas «una huella alrededor de la cintura que no puedo quitar». Con el aire hedonista de quien come, pasea y, sobre todo, escribe por placer, Antonio Valle consigue en su libro una radiografía atípica del pasaje asturiano, una conversación con un viajero para el que los manjares no siempre son para los dioses.

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