Xuan Xosé Sánchez Vicente (Gijón, 1949) suma ahora a su heterodoxa actividad cultural de más de treinta años -político, lexicógrafo, profesor de Lengua y Literatura, cofundador del movimiento asturianista con Conceyu Bable y muchas otras cosas más- su condición de novelista. Con No miréis al mar (Septem, 2007) se presenta ahora como escritor debutante y, además, en castellano.

-¿Qué pasa en el mar para que no se pueda mirar para él?

-El título de la novela no lo puse yo. Es una sugerencia de la editora, con la que no sé si estoy de acuerdo. Ella fue quien eligió una frase del libro, que es real, que se escuchaba en Gijón en los últimos días de la guerra. Se trataba de un aviso del Consejo Soberano que pretendía evitar la huida de la ciudad al mismo tiempo que ellos preparaban su propia escapada.

-Pero su novela no sólo es de la guerra.

-Es el resultado de dos historias que confluyen en el primer capítulo, es decir, una narración contemporánea y otra más histórica. Esta segunda parte es una narración equitativa de todo lo que sucedió en aquellos años. Pero tiene razón, no me quedo en la guerra, avanzo en el tiempo. Hay alguna anécdota concreta, como el nacimiento de Ensidesa? La parte del pasado avanza hasta llegar al triángulo amoroso y empresarial que protagoniza el treintañero que acaba dejando Asturias para marcharse a Madrid para intentar que crezca su empresa.

-Dígame. ¿Por qué se hace ahora usted novelista?

-Hace años, allá por los ochenta, escribí una novela corta?, pero sí, No miréis al mar es mi primera novela, una historia que venía rondándome desde hace tiempo.

-Y encima, viniendo de uno de los fundadores del asturianismo, en castellano.

-El primer problema al que me enfrenté fue ése: la lengua en la que iba a escribir. Viendo la dimensión que fue adquiriendo la novela, al final determiné que debía ser en castellano? A propósito de esto, le diré que el nivel lingüístico de «No miréis al mar» es muy destacado.

-¿Se critica usted mismo?

-Resulta que quien la ha leído está de acuerdo en decir que la novela engancha. Esto creo que es debido al esfuerzo que me llevó condensar muchos episodios.Y también hay unas pocas escenas tórridas que han despertado la erubescencia de amigos de cierta edad que aseguran que no tuvieron que contar con la viagra.

-¡Vaya!

-La redacción de la novela me llevó entre tres y cuatro años, y otros tantos más encontrar un editor.

-¿Y eso?

-Estaba absolutamente seguro de la calidad que presentaba el producto; de eso no me cabía ninguna duda, pero el mundo editorial es difícil. Ya sabe usted que en muchas ocasiones no te abren ni el paquete en el que envías el original.

-Pero al final se publica.

-Sí, claro.

-Vamos al comienzo del libro: un sindicalista asturiano de alta alcurnia ha muerto y todo el mundo va a su funeral y hay una llamada.

-Es una escena original, que está narrada con mucha gracia. Creo que es una buena manera de captar la atención del lector. Luego, tras ella, vienen las dos tramas que antes mencionamos. El libro continúa luego con la misma línea de ironía y de muchas referencias literarias, es decir, que presenta varios niveles de lectura para todo tipo de lectores.

-Un sindicalista conspicuo, una consejera de Cultura? ¿Cuánto de novela en clave tiene «No miréis al mar»?

-No se puede leer el libro diciendo que este personaje corresponde a tal persona real. En ese sentido, no es una novela en clave, aunque, desde luego, se ofrecen datos reales que explican, a mi modo de ver, la vida sindical asturiana y que al final me sirven para hacer una interpretación antropológica y humanística de la actualidad, es decir, de aquellas utopías que en el siglo XX desembocaron en guerras.

-O sea, que nada de personajes que se pueden ver reflejados en su prosa.

-No, ya le digo que no. Hay tipos reiterados aquí en Asturias, pero también en Madrid y en Oropesa. En ese sentido, no es una novela asturiana.

-Lo esperable en usted es que lo hubiera sido.

-No quería una novela circunscrita a Asturias, no quería reducirla a esta autonomía. No puedo circunscribir mis intereses a cincuenta kilómetros a la redonda.

-Pese a todo, resulta que la toponimia que recoge en «No miréis al mar» está toda ella escrita en asturiano.

-Tiene razón. Creo que los topónimos se entienden de la misma manera aquí que en Sevilla; por eso decidí mantener la toponimia original, la forma en la que los asturianos nombramos los lugares donde vivimos.

-Uno de los protagonistas tiene treinta años. De repente descubre un misterio oculto en su historia familiar particular.

-A los treintañeros los retrato como personas muy distintas a los de mi generación, sobre todo en asuntos como la política y las relaciones político-afectivas, que, creo, rompen con mi tiempo.

-Pero no se trata de una novela didáctica.

-No. No digo que los de mi época fuéramos mejores ni todo lo contrario.

-¿No siente que traiciona el asturianismo escribiendo en castellano?

-En absoluto, pienso que lo revalorizo. «No miréis al mar» tiene todos los ingredientes para que sea un verdadero éxito comercial; si no funciona, será por otros condicionamientos. O sea, que este libro puede llamar la atención sobre las producciones en asturiano, que me parecen muy interesantes.

-¿Por qué no se ha oficializado todavía la lengua asturiana?

-Para una persona normal, con mínimas entendederas, eso resulta incomprensible.
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