Javier García Cellino es conocido en el mundo literario por sus poemarios. Entre otros galardones, ganó el Premio Hispanoamericano «Juan Ramón Jiménez» de poesía. Nacido en 1947, presentó el viernes en La Felguera, su ciudad natal y en la que sigue viviendo, su primera incursión en el género narrativo: «Círculos de tiza», por la que logró el premio «Letras», convocado por la editorial Septem.

 

-¿Qué lo ha llevado a escribir su primera novela?

-En un principio tuve curiosidad, luego se transformó en interés y, finalmente, en necesidad. Es explorar un territorio nuevo, que conocía como lector pero que como escritor era desconocido.

-Sin destripar mucho el argumento, ¿de qué trata «Círculos de tiza»?

-El libro es un intento de recuperación de la infancia. Planteo una estratagema: alrededor de un cadáver que aparece en un vertedero, hago reunirse a una serie de conocidos de la infancia que, una vez en la edad adulta, ocupan cargos de relevancia. Se ven corruptelas, negocios urbanísticos… y como telón de fondo, el valle del Nalón y la reconversión industrial, una zona que intenta salir de la crisis.

-Suena a novela negra…

-Lo negro es el pretexto, la forma de la narración. El fondo es la historia social, la relación entre los personajes, la sociedad que se retrata. Todo ello envuelto en la forma de una novela negra. Es un buen instrumento para describir la sociedad.

-¿Es el valle del Nalón un buen telón de fondo para una novela?

-Es una zona ideal. La reconversión es muy importante, pasan cosas como las que cuento en el libro y, en el fondo, todos tenemos un pasado y algo que ocultar. En la novela reflejo que todos somos ángeles y demonios. A veces policías, a veces ladrones. Nadie es bueno del todo, y el pasado que queremos ocultar puede venir a nuestro encuentro en cualquier momento.

-Una de las obras más importantes de Dashiell Hammett, «Cosecha roja», transcurre en una ciudad minera. ¿Tiene algo que ver con su novela?

-No, la verdad es que no, la historia de policías y ladrones es universal, aunque creo que todo lo que se ha leído acaba influyendo. Igual que todo lo que se ha vivido.

-Entonces, ¿hay alguna nota autobiográfica en la obra?

-En algunos aspectos, sí. No pude evitar algunos aspectos, como que el protagonista sea asmático, como yo era de pequeño. También que los niños jueguen en el mismo parque, que haya chicos «coreanos»… Se llamaba «coreanos», en tono despectivo, a la gente que venía de Andalucía y de Extremadura para trabajar en la mina o en el metal. Llamarlos de esa manera era como llamar hoy en día a los inmigrantes sudamericanos «sudacas», un término ofensivo. Yo tenía muchos amigos «coreanos».

-¿Qué diferencias ha encontrado en la forma de escribir entre la novela y la poesía?

-La verdad es que hay una diferencia grande. Me costó mucho trabajo escribir el libro, es una tarea que necesita constancia. La novela es trabajo, esfuerzo… la poesía es más inspiración, al menos en mi caso. Me siento más «ágil» cuando escribo poemas que una narración. La novela es un arma más pesada, pese a que la poesía tenga más prestigio.

-¿Con qué obra ha conseguido más repercusión social, con su primera novela o con sus poemarios anteriores?

-Ganar premios de poesía puede darte prestigio, pero te da menos proyección pública. Con el premio «Letras», con esta novela, he conseguido llegar a más gente. La poesía te da notoriedad en un ámbito más reducido.

-¿En qué proyectos trabaja?

-El trabajo que tengo más avanzado es una nueva novela, que se titula «La escuela del italiano». También estoy con un poemario, «Veladuras», en el que doy un paseo por unas cuarenta obras de arte, casi todas pinturas, en las que expreso lo que siento y lo que veo al mirarlas. A más largo plazo me gustaría reunir en un volumen todos los relatos que voy escribiendo. Ya tengo título: «La confidencia».

-¿Ya tiene editorial para «La escuela del italiano»?

-En principio, la presentaré a algún concurso o la mostraré a la editorial Septem que apuesta por la calidad.

-De las últimas novedades literarias en poesía y en narrativa, ¿qué es lo que más le ha llamado la atención?

-A nivel de Asturias, creo que somos una región con un potencial cultural realmente importante. Tenemos a un escritor extraordinario, como es Ricardo Menéndez Salmón, cuya novela «La ofensa» es una obra verdaderamente redonda, grande. Pablo Rodríguez Medina es otro escritor con muchísimas posibilidades, pero que todavía no ha escrito una obra tan redonda, pero creo que lo hará. En poesía, Francisco Velasco o Ricardo Labra lo están haciendo muy bien. A nivel nacional, estoy enamorado de un escritor que puede considerarse «de culto», sin tanto prestigio como otros pero cuya obra es extraordinaria, el burgalés Manuel de Lope. Su libro «La sangre ajena» me parece uno de los mejores libros que se han escrito en los últimos años.

 

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