Con El día más feliz de mi vida fue cuando se estrelló el camión de Foskitos descubrimos que el microrrelatos podía llegar a ser un título.

Su nuevo libro Solos confirma a Antonio Valle como maestro cultivador de un género que algunos lectores poco avezados aún se atreven a llamar menor.

Probablemente caminarás por la calle sonriente recordando algún relato de este libro y no te importará que te miren, lo que digan o lo que piensen. Al fin y al cabo, leemos Solos. Solos vamos al dentista y hojeamos páginas que olvidamos. Dejadme solo dice un hombre ensangrentado de campanillas y colores ante la bestia. Quiero estar sola, exige una parturienta. Estoy solo, grita el desmarcado. Al fin Solos, dicen los enamorados o unos duelistas o un héroe ante su enemigo carnal. Siempre hay una ocasión para la persona que busca o se encuentra con la soledad. Este libro está lleno de esa vegetación intrépida: la exuberancia deslumbrante de los Solos. Luego llegará el resto de la banda para arropar con su melodía el aplauso para el solista.

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