El coronel Rafael González Crespo (Limpias, 1947) es un experto y amplio conocedor del mundo eslavo, por extensión, y del soviético y ruso en particular. Como entendido en cuestiones de geopolítica y geoestrategia de aquella región, maneja claves sobre asuntos que conciernen a los nuevos estados surgidos tras la atomización de la antigua URSS y al delicado asunto de los suministros de productos energéticos de aquella zona. En su libro ‘El lado cálido de la guerra fría. El asalto del Cáucaso‘ (Septem Ediciones), recién salido de la imprenta, González analiza los últimos acontecimientos en esa esquina del mundo y, al tiempo, aprovecha para demostrar que los pueblos ruso y español «son más parecidos de lo que nos pensamos».
¿Qué análisis aporta el libro?
– Frente a estereotipos lastrados desde hace años, los rusos no son peores que nosotros por haber nacido al otro lado de la raya, ese muro imaginario que separaba ambos mundos. Trato de explicar, entre otras cosas, cómo han vivido la denominada ‘guerra fría’ desde el otro lado de la raya y cómo esa guerra fría se prolonga hasta nuestros días.
– ¿Pero no habíamos quedado en que la guerra fría se había acabado tras la caída del Muro de Berlín?
– Entiendo que seguimos en ‘guerra fía’, pero ahora con otras armas. Si antaño era el arma psicológica, aquel equilibrio armamentístico que mantenía una guerra incruenta en tanto existiera el respeto mutuo, hoy las armas son los productos energéticos, el gas y el petróleo.
– Antes, esas armas estaban en una sola mano, la URSS; hoy lo están en decenas de repúblicas. Geopolíticamente hablando, ¿eso es bueno o malo para Europa?
– Aún es un dilema saber quiénes son los dueños del gas y del petróleo. Ya ha habido problemas en cuestiones de suministro y, asimismo, roces entre unas repúblicas y otras a cuenta de ese control: Armenia, Georgia, Nagorno Karabaj, Osetia, Azerbayán… Creo que el gas y el petróleo darán lugar a nuevas guerras locales. Y, consecuentemente, afectarán a Europa.
– El Cáucaso… menuda esquina. Allí es donde parece que más se cebó la disgregación de la Unión Soviética. Esa atomización ha perjudicado al equilibrio mundial
– Ciertamente ha roto aquel equilibrio. La raya se ha trasladado hacia el Este. Se trata de países inestables, que apenas tienen identidad, que están buscando su camino, pero aún les falta mucho para encontrarlo. Parafraseando aquel dicho, son tan pobres que sólo tienen petróleo.
Pequeños y pobres, pero desequilibrantes
– Desde el punto de vista geopolítico y geoestratégico, dificultan las cosas. Europa y Rusia se necesitan mutuamente, pero las pequeñas repúblicas bloquean esas relaciones.
-En el libro también aborda cuestiones sociales y culturales del pueblo ruso, e incluso de parecidos y coincidencias con el español
– En Rusia nos adoran. En general les tenemos por gente de cultura muy lejana a la nuestra, gente fría, dura… y la realidad es otra. Nos adoran. Hemos sido tan desconocidos para ellos, como ellos para nosotros, pero nos parecemos más de lo que creemos.
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