Por David Orihuela (LNE).
Carmen Casal es una de esas ovetenses que nacieron en La Cuenca (La Felguera, 1964). A su curriculum de periodista se suma ahora el de escritora. Acaba de publicar su primera novela, «Los amores del Rey Casto», una entrevista novelada con el monarca «que puso a Oviedo en el mapa». El libro, editado por Septem, se presentará hoy 16 de diciembre en la biblioteca Ramón Pérez de Ayala. La autora estará arropada por la cronista oficial de Oviedo, Carmen Ruiz Tilve, y por la editora, Marta Magadán.
-¿Porqué da el paso del periodismo a la literatura?
-Hace tres años hice un libro de entrevistas a 50 empresarias asturianas. Me gusta mucho el género periodístico de la entrevista y también soy muy aficionada a la Historia, a las raíces, porque soy de las que piensan que hay que mirar al futuro pero sabiendo de dónde venimos. Así que opté por hacerle una entrevista a un personaje histórico, Alfonso II en Casto, porque fue la persona que puso a Oviedo en el mapa en el siglo VIII, culturalmente, arquitectónicamente. Los monarcas anteriores eran más bárbaros y menos refinados. Alfonso II mantenía contactos con Carlomagno, por ejemplo.
-¿Y se dejó entrevistar?
Sí. Logré ponerme un poco en su pellejo. De todos modos no se trata de un libro de historia, lo que quería era resaltar la figura de Alfonso II al hilo de la historia.
-¿Cuáles son los amores del Rey Casto?
-Es un personaje que tiene muchos valores que no parecen muy importantes en la sociedad actual, valores como la lealtad, la castidad, la fortaleza. Era una persona virtuosa con mucha fuerza interior que tomó partido para que el reino Astur no sucumbiera ante los musulmanes. Su amor era Asturias.
-¿Qué le debe Oviedo a Alfonso II?
-San Tirso, la muralla, la Cámara Santa, San Julián de los Prados, son solo algunos ejemplos. En Oviedo tenemos una raíces históricas tan importantes y tan sólidas por todo lo que hizo Alfonso II. Mucho de lo que ahora enseñamos a los turistas es obra suya.
-¿Hay actualmente algún personaje similar?
-No lo tengo nada claro. El Rey Casto se movía por unas convicciones que en la sociedad actual no son tan sólidas como las que tenía él.
-¿Y está reconocido como se merece?
-No. Es un personaje desconocido para muchos ovetenses y por eso quise hacer una novela, para que se conozca lo que tenemos.
-La novela empieza con la explosión de la Cámara Santa en 1934.
-Estaba escribiendo sobre la vida del rey y un día se hizo la luz. Tenía dormidas una serie de ideas que empezaron a florecer partiendo del personaje y el suceso de la Cámara Santa era la justificación perfecta para contar la historia.
-¿De dónde ha sacado el material para hacer verosímil la narración?
-Me apoyé en todo lo que nos ha llegado, en libros sobre su figura y en su obra. Han sido tres años de trabajo en ratos libres, acercándome al personaje, recorriendo los lugares de Oviedo por los que paseaba. Cuando iba a alguna cosa a la Catedral, a la Corrada del Obispo, o caminaba por el Tránsito de Santa Bárbara, siempre apuntaba alguna idea para la novela.
-¿Raíces, flores y frutos?
-Son las tres partes en las que se estructura la novela. Las raíces son la familia del Rey, quizás porque para mi la familia es muy importante. La madre de Alfonso, Munia y especialmente su tía Adosinda fueron fundamentales en su vida. La floración es un periodo corto y vistoso y en su caso fue el reinado de 50 años. Los frutos son su obra, lo que nos dejó. Sus guerras, sus campañas, su obra arquitectónica, su legado
-¿Y ahora que ha publicado la novela y ha sacado al personaje de su vida?
-Tengo que empezar otra novela. He descubierto que mi género es la novela corta, decir mucho en poco espacio.
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