Carmen González Casal pretende con su primera novela, Los amores del rey Casto , acercar al lector la figura de Alfonso II a través de una narración que salta constantemente del siglo VIII a la actualidad. La novela, que ya está en las librerías, se presentará la próxima semana -el día 16-, en la Biblioteca Pérez de Ayala.
-¿Cómo surge la posibilidad de hacer esta novela?
Hace cuatro años ya escribí el libro sobre las mujeres empresarias (Mujeres con historia: Perfiles de 50 mujeres empresarias ) y ahí me di cuenta de que tenía la faceta literaria en mi interior.
-¿Y por qué sobre este tema?
Me encanta la novela histórica y pensé que por qué no. Me gusta mucho mirar hacia el futuro y creo que está plantado en la historia, todos tenemos unas raíces y por eso el libro está dividido en tres partes: raíces, flores y frutos. Las raíces son la historia, Oviedo tiene una historia muy bonita poco conocida y debe mucho a Alfonso II el Casto.
-¿Qué le gustó del rey?
Siempre me llamó la atención y no es que la historia cuente mucho. Me llamó la atención que los anteriores reyes eran algo bárbaros, por ejemplo Fruela estranguló a su hermano, sin embargo Alfonso fue el que inició una arquitectura importante. Las murallas son de su época, San Tirso, San Julián de los Prados… Fue un personaje que instauró el Camino de Santiago, mandó construir la Cámara Santa para conservar las reliquias y tenía mucha sensibilidad.
-¿Tantos amores tuvo?
No se casó, pero hay varias leyendas que cuentan que tuvo sus posibilidades. Sin embargo, puso toda esa capacidad en la reconquista de Asturias y el amor a su patria y la cultura. Tuvo amores de otro tipo.
-¿Pese a ser una novela histórica es bastante corta (176 páginas), por qué?
En las grandes novelas te pierdes un poco. Y por otro lado yo soy una persona concreta, que no me voy por las ramas y a la hora de escribir me parece que se puede decir mucho en poco. Mi forma de ser me lleva más a eso, aunque algunas partes tienen consideraciones de ensayo.
-¿Fue esa la estructura que pensó en un principio?
No, a la vez que iba escribiendo me surgían las cosas. Empecé contando la historia de Alfonso y para darle más emoción a recoger cosas importantes de asturias. El mandó construir la Cámara Santa en la Catedral y de ahí fue surgiendo todo.
-¿Ser lectora de novelas le ayudó en el relato?
Uno escribe lo que vive. Hay personajes que están pensados en gente concreta.
-¿Qué autores le gustan?
Sánchez Adalid, María Gudín, María Teresa Alvarez…
-¿Cuánto tiempo tardó en escribir esta novela?
Tres años, pero nunca me senté a escribir sino que lo hacía en el tiempo que tenía libre. Es una novela entrecortada, que me hubiera encantado hacer del tirón.
-¿De qué irá la próxima?
Todavía no tengo tema pero estará relacionada con Asturias.
-¿Qué sintió cuando alguien leyó el primer ejemplar?
Notas cierto pudor, porque estás abriendo un poco tu alma y condensas muchas cosas en pocas páginas. Hay reflexiones personales, modos de ver la vida… La gente comenta que es una novela que engancha, que se lee rápido y da ganas de seguir leyendo. Y que transmitía belleza.
-¿Era lo que pretendía?
Quería que los lectores se adentrasen en la historia de una manera agradable. Al hilo de la historia me surgen reflexiones sobre la familia, la casualidad -que creo que no existe porque todo tiene una causalidad- y como persona creyente, que todo también sucede por la providencia. Alfonso y la sociedad en la que vivía era más religiosa y muy creyente, así que intenté ponerme en la mentalidad de la época.
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