Desde los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, viajar en avión se ha convertido casi en una odisea. Por un lado, por el comportamiento de las compañías aéreas, y por otro, por las medidas de seguridad que imperan en los aeropuertos. Protocolos con los que las aerolíneas, según señaló ayer Braulio Antuña, hacen que el pasajero se sienta «como un presunto delincuente sólo por subir a un avión». Pero ante ciertos abusos de las aerolíneas cabe una reclamación, y esa fue la idea que inspiró a Antuña la escritura de «¿Alguien me puede decir dónde puñetas están mis maletas?», en la que el autor explica qué derechos tienen los pasajeros y cómo defenderlos. El objetivo, «que los astutos no se aprovechen».
La obra, editada por Septem, fue presentada ayer en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA. Los invitados que compartieron el acto de la presentación con el autor y la editora, Marta Magadán, fueron el delegado del Gobierno en Asturias, Antonio Trevín; y el magistrado de la Audiencia Provincial de Oviedo y anterior vocal en el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Agustín Azparren, encargado además de elaborar el prólogo de la publicación. En la foto, de izquierda a derecha Marta Magadán, Antonio Trevín, Agustín Azparren y Braulio Antuña.
Entre anécdotas sobre las horas pasadas por los aeropuertos, historias sobre aterrizajes de emergencia -y cómo, entre todo el equipaje, se decide salvar sólo un par de puros habanos-, retrasos y cancelaciones, Antonio Trevín llamó la atención sobre la importancia de «la reclamación individual» para que, con el tiempo y la ley en la mano, «las empresas acaben por respetar los derechos colectivos». Áreas que, según Agustín Azparren, «necesitan de una mayor divulgación», ya que «no se trata sólo de tener un derecho, sino que el viajero debe saber cómo ejercerlo». Sobre todo, en los aspectos relacionados con los «derechos por compensación» ante imprevistos o emergencias. «La ceniza del volcán de Islandia sí es una circunstancia externa que las aerolíneas no pueden controlar, pero no otras en las que las compañías se escudan para evitar los derechos de los consumidores», añadió el magistrado.
Para Magadán, «el respeto que se tiene a los derechos del viajero no es el que se debería». «De ahí», insistió la editora, la importancia de «obras como ésta, capaces de ayudarnos a entender qué debemos hacer en estos casos».
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