Carlos Rubiera, Beatriz Junquera, Vicente Gotor
Paco Piquer, Elena Román y Marta Magadán.

Ayer, a Elena Román le temblaba ligeramente el inconfundible
acento cordobés al dar las gracias por el IV Premio Literario Ciudad de Noega.
Sus escuetas palabras, con las que subrayó el «impulso» que supone el galardón
para «no dejarse vencer y seguir intentándolo», fueron seguidas por la entrega
del reconocimiento de manos del rector de la Universidad de Oviedo, Vicente
Gotor, que lo acompañó de un amable «Que lo disfrutes con salud». Con saludo y
con una nueva novela, «un poco más larga», dice Román, en la que ya trabaja.
Ante una sociedad afectada por «la pérdida del gusto por
hacer las cosas por amor al arte», el rector de la Universidad de Oviedo, Vicente
Gotor, advirtió ayer, en la entrega del premio literario «Ciudad de Noega», de
la necesidad de sacar a las generaciones más jóvenes «de un letargo del que no
son responsables». Gotor apeló a las actividades de Extensión Universitaria
como fórmula válida para transmitir a la sociedad el saber creado por la
comunidad universitaria, y del premio de novela promovido por la Cátedra
Jovellanos destacó que es fiel reflejo de la voluntad de la institución que
representa para asumir también su responsabilidad con el entorno.
La cuarta edición de este galardón de novela corta, dotado
con mil euros y la publicación de la obra premiada, ha reunido un total de 97
originales procedentes de toda España y también de Francia, Reino Unido, Italia
y América. De todos ellos salió vencedora la obra presentada por Elena Román
bajo el título «Entonces adiós». La autora, nacida en Córdoba y residente en
Toledo, es colaboradora en varias publicaciones. En su haber tiene premios de
poesía como el «Nené Losada» y el «Blas de Otero», aunque
el de la Cátedra Jovellanos es el primero de novela corta. «Para mí es un motor
para no dejarme vencer», subrayó Román tras la entrega del premio. Un acto que
compartió con el galardonado de la edición anterior, Francisco Piquer, cuya
obra «Nada es verdad… (ni es mentira)» veía también ayer la luz, bajo el
auspicio de Septem Ediciones, otra de las entidades impulsoras del galardón.
El premio está dotado con 1.000 euros y la publicación de la
obra, ‘Entonces adios’, en la editorial Septem. Precisamente fue su editora,
Marta Magadán, la encargada de reivindicar la importancia de la cultura en un
contexto como el actual, como mecanismo de enriquecimiento y de evasión. A este
mensaje apostilló Gotor la importancia de los actos «por amor al arte», igual
que el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón, Carlos Rubiera: «Serás
más feliz», lanzó como máxima, «por cuantas más cosas seas capaz de hacer sin
que te paguen». Para el concejal de Cultura, Carlos Rubiera, la calidad de los
trabajos literarios presentados y el talento de sus creadores demuestran el
prestigio de un premio que, a juicio de la directora de la Cátedra Jovellanos,
Beatriz Junquera, se encuentra ya plenamente consolidado.
El premio, impulsado por la Cátedra Jovellanos de Extensión
Universitaria y Septem, viene entregándose desde el 2008. En estos cuatro años,
tal y como se encargó de recordar la directora de dicha cátedra, Beatriz Junquera,
han ido llegando cada vez más manuscritos (de los 14 de la primera edición a
los 97 de esta) y de más lugares.
El acto también sirvió para presentar la obra ganadora del
premio en 2010, ‘Nada es verdad… (ni es mentira)’, del valenciano Paco Piquer.
Su novela, recién salida de la imprenta, se enfrenta ahora a lo que él
calificaba de «momento de la verdad: el escrutinio de los lectores. Espero que
les guste, y que disfruten leyéndola tanto como yo disfruté escribiéndola».
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