El eurodiputado y ex alcalde repasa en el libro «Con vistas al Naranco» sus vivencias tras sufrir un ictus cerebral
Portada del libro “Con vistas al Naranco”.
Por David Orihuela publicado en La Nueva España
A Antonio Masip se le ha agudizado la vista y le ha
abandonado el molesto insomnio que lo acompañó durante años. Masip, ex alcalde
de Oviedo y ahora eurodiputado socialista, es de esos que hacen de los
problemas oportunidades y no sólo de boquilla, sino en el día a día. Un ictus,
un accidente cerebral, lo llevó a la unidad de vigilancia intensiva (uvi) con
la mitad de su cuerpo paralizada. Llegó a tener una minusvalía superior al 80
por ciento. Muchos son los que recuerdan aquella fotografía de Masip en el paseo
de los Álamos postrado en silla de ruedas y con sombrero.
Aquel día de octubre de 2006 nació un nuevo Antonio Masip,
el que comenzó a luchar por la movilidad por salir adelante y por no parar.
Dice que apoyado por aquel éxito de Ricky Martin, «un pasito palante, un pasito
patrás», logró poco a poco ponerse en pie e ir caminando. Lo hace con muletas o
apoyado en familiares, especialmente su esposa Eloína y su hija Aida, y amigos.
A los que Masip abrazaba antes con fuerza ahora les toma el brazo como báculo.
El eurodiputado «viaja» por el Parlamento europeo en uno de
esos cochecitos para discapacitados y allí se pasa las semanas de lunes a
jueves, cuando regresa a su querido Oviedo. Esa relativa lejanía de la ciudad y
el primer lustro de su enfermedad lo han llevado a plasmar en un libro todas
las impresiones, los agradecimientos particulares y colectivos, sus
reflexiones. «Es mi grito agradecido a la vida y a mi entorno familiar y
ciudadano». Así resume el propio autor su última obra, «Con vistas al Naranco»,
que editada por Septem acaba de salir de la imprenta y será presentada el
próximo 29 de octubre, a las doce del mediodía, en el hotel Regente.
Masip, tan aficionado en los últimos años a las nuevas
tecnologías, ha volcado todo su disco duro en esta obra. Aquí aparecen todas
las personas, las instituciones y los espacios que le han servido para dar esos
pasitos hacia delante. No es novela, no es ensayo, no es autobiografía. De
libro tiene sólo el formato porque, en realidad, es un vaciado personal y
sentimental. Todo lo que le importa a Masip en los últimos tiempos aparece
reflejado en textos que pueden tener tan sólo un párrafo o deslizarse por
varias páginas.
«Sueños dormidos y despiertos, personales o ciudadanos, en
la mezcla caleidoscópica del Naranco, cuya cresta se me precipita apenas por
encima del Campo San Francisco», define el ex alcalde ovetense.
El libro se presentará el día 29 de octubre, «Día mundial
del ictus», en un acto a las 12.00 horas en el hotel Regente.
La atracción de Masip por el monte ovetense lo llevó al
título de un libro que también tiene algo que ver con un hecho más prosaico, el
escritor va escribiendo en el teclado de su ordenador y si levanta su vista,
«cansada», puede ver la cresta del monte. Esa vista lo lleva a la evocación y
lo explica en la primera página citando a Valentín Andrés Álvarez: «Millares de
siglos antes de existir Oviedo, el Naranco ya era ovetense».
A partir de ahí, de esa mirada, Masip se extiende en
«divagaciones para la familia, mis amigos y algunos Narancos». Lo hace bajo el
paraguas de un verso de «No somos ángeles», el poemario con el que Rosario
Neira Piñeiro ganó el premio «Adonais» de poesía en 1996 y que advierte: «No os
obstinéis en buscar la redondez del aire en nuestros ojos».

Ha sido publicada por Septem Ediciones, tiene 187 páginas y 189
capítulos. El libro se compone de reflexiones del autor que narra
anécdotas, pensamientos o hechos concretos. Unas veces más desarrollados
y otras apenas esbozados.

Masip se refugia en el Naranco porque «desde que padezco los
rigores del ictus y, al tiempo, mi escaño de diputado me aleja de Asturias de
lunes a jueves, el Naranco es el mejor bálsamo contra mis dolencias». Las
dolencias íntimas las cura en cierto modo el tótem ovetense, pero las físicas
las neutraliza Masip con el ordenador y la lectura. Con su blog, «Antonio Masip
en Europa», mantiene una conexión permanente con el mundo a través de la red.
Las limitaciones de movilidad lo han convertido en un usuario incansable del
teléfono móvil y del ordenador. Envía correos constantemente con apuntes,
reflexiones, indicaciones, agradecimientos… Y ahora todo eso, pero sin la
parte más política, las de las reflexiones sobre su actividad en el Parlamento
europeo, se plasma en el libro de 187 páginas y 189 pequeños capítulos. Un
detalle, en el índice onomástico hay entradas para todas las letras del
abecedario, excepto la eñe y la equis.
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