Por la izqda, Marcos Vallaure, Ruiz de la Peña, Naveiras
y Magadán.

«Artes y oficios». Oficios convertidos en arte,
prendidos en la memoria por alfileres. José Naveiras, Pepe el Ferreiro,
presentó ayer su libro en el Real Instituto de Estudios Asturianos. El RIDEA es
su casa, le recordó su presidente Ignacio Ruiz de la Peña, así que el honor es
mutuo.
José Naveiras casi llenó el salón de actos de la
institución, y eso es toda una novedad. Tiene poder de convocatoria, pero es
que el asunto entronca con un pasado común que a todos compete y que toca
fibras íntimas.
Entre el público, Antonio Arias, Leopoldo Tolivar, José
Luis Garcia Bigoles, José Antonio Coppen, Ángel Villa, Ricardo Morís, Alberto
Polledo, la nueva directora del Museo Etnográfico de Grandas de Salime, Susana
Hevia, entre otros. Y el museo, no podía ser de otra forma, se convirtió pronto
en el protagonista de un acto al que no pudo asistir el consejero de Cultura,
Emilio Marcos Vallaure. En su lugar, una cara conocida: su hermano Alberto.
El que fuera rector de la Universidad de Oviedo
echó la vista atrás para señalar que en la foto oficial de inauguración del
museo allí estaba él. Junio de 1984, todos más de medio siglo más jóvenes.
El museo creció, se trasladó desde los bajos del
Ayuntamiento de Grandas a la actual sede. Alberto Marcos Vallaure leyó el
prólogo del consejero a «Artes y oficios» para hacer hincapié en la
«identificación» de los habitantes de una comarca «históricamente marginada»
con su museo, «uno de los más singulares equipamientos etnográficos españoles».
Pepe el Ferreiro se confesó mal orador y regular
escritor. De su libro echó la «culpa» a sus dos compañeros de mesa, y calificó
al consejero ayer ausente (la crisis del Niemeyer mandaba) de «padre espiritual
del museo». «El mérito está en todas las personas que me apoyaron
intelectualmente cuando fui a contarles mi idea. Hicieron que me sintiera el
más grande de todo el Occidente».
Potajes, matanzas y coladas al más puro estilo
tradicional se explican en la obra de Naveiras. La editora Marta Magadán espera
que no sea la última, porque el tema da para mucho.
Naveiras sabe que tiene una responsabilidad
pendiente, contar las cosas como única manera de que perdure la memoria. Y los
alfileres donde prenderla se conviertan en clavos de ferreiro de los de antes.
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