La editora Marta Magadán, Javier García Cellino y
Armando Murias, ayer en el Club de Prensa de
La Nueva España en Oviedo (Asturias). 

Armando
Murias. encargado de presentar al autor y a la novela
tras la intervención
de la editora, subrayó la fecha: «Hoy es 15 de mayo y voy a presentarles a Javier
García Cellino». La coincidencia
del 15M vino a ser como una bendición para presentar una obra salida de la
crisis y de la rabia, de la impotencia ante el retroceso en las conquistas
sociales. Así lo explicó su autor, García Cellino, ayer en el Club Prensa
Asturiana de La  Nueva España, un
periódico en el que colabora habitualmente, en la edición de las Cuencas.
Aunque
García Cellino, nacido en La Felguera, es fundamentalmente poeta y como tal ha
publicado nueve libros y obtenido diversos premios, con «Los señores de WallStreet no comen pescado crudo» vuelve a la narrativa:
es su segunda novela No es, sin embargo, «aunque había mate

rial», una novela de
trescientas páginas. «Es una novelina corta», explicó ayer, «porque quería
sugerir más que desarrollar, porque yo no escribo para hacer trescientas páginas,
escribo
para
sugerir, para un brochazo».

De
hecho,
este libro también tuvo y tiene, en la edición de Septem, una versión en forma
de pequeño poemario. Luego, el autor detalló cómo rescató al personaje de
Javier Colinas, antiguo comisario de Policía de Nalón, convertido en detective
privado en Madrid. Con ese personaje, contó la editora Marta Magadán, el autor «ha
vaciado el cajón y se ha vaciado» hablando de «este capitalismo pornográfico».
La
novela,
negra, con sentido del humor, con una profunda carga social puede ser, también,
según dijo Armando Murias, una novela sobre la transición, sobre una transición
política que no se sabe si «tiene un final claro y si el movimiento 15M puede ser
el final de ese tiempo».
Para
Murias; Cellino, por trayectoria política, es el perfecto cronista de esos años
en Asturias hasta el presente.
El
autor aceptó las cuestiones relativas a la novela negra y a supersonaje, y
explicó cómo la crisis y en especial los argumentos aportados para retroceder
en las conquistas sociales le habían ido llenando «los puños de rabía y el
cuerpo de una tensión tan grande que tuvo que salir este libro».
A
la crítica polítical, la critica social, los movimientos obreros y las otras
cuestiones sólo apuntadas en la novela, porque Cellino quiere dejar que sea el lector
el que crezca, sumó la buena noticia de que el detective privado Julio parece
que después de
está
de regreso en Nalón.
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