Luis Arias Argüelles-Meres
Mentar el occidente asturiano implica una nube de melancolía
no menos densa de la que hablaba Larra en su último artículo acerca de los
pesares continuos que cercaban a un liberal español, liberal, sobra decirlo, no
en el sentido economicista, sino emancipador que el término tenía en el
Ochocientos.
Nube de melancolía, digo, cuando pensamos en unas comarcas
que son continuamente el ejemplo más claro de una geografía del abandono, así
como de incumplimientos sistemáticos por parte de los profesionales de las
promesas falaces. Aun así, hay personas y episodios que contrarrestan el
pesimismo y la indignación.
Personas como «Pepe el Ferreiro» a quien jamás le
perdonarán que haya siendo él quien puso a Grandas de Salime en el mapa de la
etnografía. Y libros como el que acaba de ser publicado que da muy buena cuenta
de los trabajos y los días de un territorio en cuya potencialidad queremos seguir creyendo.
En su último libro, Naveiras consigue nada más y nada menos que llevar a la
plenitud de su significado herramientas que formaron parte del día a día de una
Asturias rural que ya es historia, pero que, al mismo tiempo, tenemos tan
cerca. Herramientas en su momento transformadoras de la realidad que hicieron
la vida menos hostil. No puedo dejar de pensar en los muchos momentos en que
este hombre observó lo que iba atesorando en el museo de Grandas y, a la manera
del orfebre que le saca esplendor a sus piezas, extrajo el alcance que el
objeto en sí atestigua. También la etnografía consigue a veces darle a la caza alcance.
Asimismo, hablamos de una forma de contar todo el proceso de
formación y consolidación del museo que garantiza la amenidad de quien sabe
sacar partido a la anécdota del mejor modo posible: con la ternura y Ja
retranca, con esa coña asturiana que definió admirablemente Alarcos a la hora
de explicar la poesía de Ángel González.
Hablamos de un libro que brinda al lector episodios
hilarantes protagonizados por personajes pintorescos. Hablamos de un libro
escrito por alguien, que consigue el ambicioso empeño de adentrarse en Ja
intrahistoria de nuestra tierra, yendo mucho más allá de lo pintoresco y folclórico.
Pepe el Ferreiro
Hablamos de un libro, en fin, escrito por alguien que
encarna como pocos el espíritu de la Asturias occidental, marcado por el
escepticismo inevitable que, a su vez, trae consigo la retranca que el lector
no puede no agradecer.
Ciertamente, no es poco haber logrado poner en pie un Museo
que es una referencia inexcusable de nuestra etnografía y, andando el tiempo,
plasmar en un libro su proceso de gestación, plasmación que, como vengo
diciendo, está hecha con oficio y pasión.
Hay otro componente en el libro de Pepe al que es obligado
referirse: se trata de la justicia poética que el texto en sí mismo supone.
Para nadie es un secreto que el principal artífice del Museo
de Grandas de Salime fue víctima en su momento de una bellaquería al ser
destituido con bajeza y también con estulticia.
No sólo no se reconocieron sus méritos, que son indudables,
sinoque además se le apartó de su cargo con un ensañamiento a todas luces
injustificable. Aquello, como se sabe, produjo una respuesta social que dio
buena cuenta de la indignación que provocó semejante forma de actuar.
Pues bien, una vez transcurrida toda aquella infamia, Pepe
combate semejantes atropellos no sólo con todo lo que Museo significa, sino
también con un libro en el que cuenta su proceso de creación, su forja, que
permite al lector adentrarse en lo que fue una tarea de años cuyo resultado
está a la vista de todos.
Parodiando unos conocidos versos de Goethe, Naveiras puede
declararse del linaje de aquellos que de lo oscuro hacia lo claro aspiran,
linaje omnipresente en una Asturias occidental que, a pesar del aislamiento y
atraso seculares, aportó a la historia figuras que son todo un ejemplo de clarividencia,
rigor y lucidez.
Lo dicho, esa pieza que testimonia lo que fue nuestra vida.
Esa anécdota que humaniza y explica nuestra historia. Esos
personajes que forman parte de nuestra leyenda y de nuestra intrahistoria al
modo unamuniano.
Libro escrito desde nuestro más acá, que se adentra en los
trabajos y los días que nos forjaron.

¡Haxa salú, Pepe! Y -no puedo no decirlo- República.
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