Manuel Herrero Montoto.

Los escritores Manuel Herrero Montoto (Oviedo, 1950) y Miguel Rojo (Zarracín, Tineo, 1957) son los encargados de abrir esta noche (20.30 horas) el ciclo de encuentros literarios “Los lunes hay plaza”, que se celebrarán los primeros lunes de cada mes y hasta el próximo junio en el pub Plazas, en el Carbayedo. Los dos novelistas hablarán hoy de la relación entre literatura, erotismo y pornografía. Herrero, el autor de “Omara, la trapecista”, conversa por teléfono con La Nueva España.

-Lo primero de todo vamos a hablar de trenes y sexo.
-Es un buen tema. Usted ya sabe que uno de mis libros es “Omara, la trapecista”. Verá estaba escribiendo el relato pornográfico, pero me di cuenta de que se me iba de las manos, así que tuve que buscar el esqueleto y fue el contador de historias en plena posguerra española. Los trabajadores vuelven a casa en tren y el narrador de la historia roba el libro en el que se cuenta la historia de Omara. El vagón va lleno de personas cansadas que, de repente, empiezan a escuchar al narrador, que abre las páginas del libro y ellos, el auditorio, sobreviven.
-Y eso que no había entonces ni internet ni nada.
-Las historias de Omara siempre me sugirieron mucho. Y también al vinatero, al fontanero… a todos los que viajan en ese vagón que está vigilado por la Guardia Civil. No pueden entrar las mujeres.
-La pornografía no tiene nada que ver con el realismo social.
-Desde luego que no, pero encaja muy bien. Por un lado, los trabajadores, por el otro las historias sexuales. No hay fútbol, sólo la historia de Omara. Sólo los cuentos de sus peripecias.
-Hay posguerra, pero también hay alegría.
-Por supuesto. El narrador se da cuenta de que cuando está terminando el libro se le está terminando también su poder.
-¿Qué son los prostíbulos?
-Los territorios inexplorados de las ciudades. Me colé y, despistado, me coloqué al final de la barra y cuando llegó el momento de invitar, me largué corriendo.
-“Omara, la trapecista” no es su primer libro erótico.
-Es el segundo de una trilogía. Lo que sucede es que el tercero todavía no lo he escrito. Si me dicen que soy novelista erótico, no respondo. Y no es porque no me guste el género, más bien porque he escrito otras cosas, porque tengo otro estilo. En la tertulia, Miguel Rojo y yo discutiremos sobre las novelas eróticas y sobre los episodios eróticos en las novelas. En “El habitante” aparece un prostíbulo, pero dentro de un panorama de serie negra.
-¿No son un rollo las novelas pornográficas?
-Sí que lo son, porque pierden el poder de la sugestión. Eso no sucede en las novelas eróticas: cumplen su función.
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