Victoria R. Gil
La memoria, la capacidad de las personas para
recordar sólo una parte de lo realmente sucedido o la manipulación de esos
recuerdos son el asunto principal del libro de cuentos «La curva del olvido»
(Septem Ediciones), escrito por la periodista
Victoria R. Gil (Oviedo, 1962).
Aunque en su currículum figuran otros dos títulos, una biografía de José
Antonio Coto (Club Asturiano de la Innovación) y la antología de relatos «Pervertidos»
(Traspiés, 2012), este nuevo volumen comienza a dibujar el perfil de una
escritora que pide paso, con humildad, pero también con responsabilidad. La novela, juvenil y de adultos, serán sus próximos
retos.


-¿Por qué la
memoria?
-Hay un primer motivo que es muy pragmático. En mi
familia hemos tenido casos de alzhéimer, mi madre y una tía murieron de esa
enfermedad, y lo cierto es que hay una edad en la que empiezan a olvidarse las
cosas. La memoria es nuestra seña de identidad, si olvidas lo que te ha
ocurrido, ¿quién eres? En la investigación del tema descubrí que hay personas
que tienden a alterar los recuerdos de una forma inconsciente. Con toda esa
ensalada salió este libro.
-¿Creamos
recuerdos?
-Por un lado, adornamos aquellos que nos pueden
quedar mejor, porque, en ocasiones, es muy difícil aceptar los verdaderos.
También hay una especie de contaminación, te das cuenta de que un mismo hecho
cada persona que lo vivió lo recuerda de manera diferente, y cuando te ha
pasado algo terrible, muy doloroso, inconscientemente tiendes a echar tierra sobre
ello. Al final, la clave está en sobrevivir con ellos de manera que te hagan el
menor daño posible. Y para sobrevivir nos engañamos mucho.
-En el
periodismo es frecuente encontrarse con un mismo hecho y diferentes versiones. ¿Cómo
distinguir lo que realmente sucedió?
-Eres un poco notario, tienes que levantar acta del
suceso, y elegir con qué te quedas es un reto profesional en el que juegan
muchas variables. Las hemerotecas son en realidad «memotecas», guardan la
memoria de la historia y de los hechos más corrientes.
-Sus
historias tienen un componente muy interesante de irrealidad. ¿Le interesa el
misterio?
-Algunos cuentos tienen un punto fantástico, se
quiebra la realidad, y me gusta no explicarlo. Aspiro a que quien los lea se
detenga a buscar su propia explicación. La persona que lee es tan activa como
la que escribe, quisiera ser capaz de trasladar al lector alguna de mis
inquietudes.
-¿Por qué el
cuento antes que la novela?
-Soy una apasionada de locuentos. Eres lo que lee
de pequeña. En mi casa había una antología de cuentos ingleses del XIX historias
de Henry James. de Osear Wilde y otros; despué- leía los clásicos, Cortázar,
Borge-. pero mis favoritos son Poe y García Márquez. Soy cuentista. En el caso
de este libro, además, quería jugar con varias propuestas, y en una novela no
podía hacerlo. Siempre pongo el ejemplo del «tangram», un tipo de puzle en el que
con pocas piezas puedes hacer infinitas combinaciones. Tenía varias ideas con
la memoria y quería contarlas. No sé si lo he conseguido.
-¿Qué le
interesa más a la hora de escribir, la historia o el lenguaje?
-El proceso creativo para mí es un misterio.
Primero tengo una idea, después me documento, y eso me lleva al estilo del
cuento. Hasta que no me siento a escribir no tengo la ruta, pero soy muy caótica.
Soy capaz de estar un día entero escribiendo y no volver a hacerlo en días o
semanas.
-¿Ha saldado
su cuenta con la memoria como tema literario?
-Sigo teniendo la inquietud. Otro asunto que me
interesa es el de las relaciones personales, la dificultad para llevarnos bien,
para entendemos. La literatura es una constante pregunta sobre tu vida y tu
entorno.
-¿Qué enseña el periodismo a la hora de escribir
ficción?

-Estilo, es una grandísima escuela para pulir el
estilo. Escribo de este modo porque soy periodista. Me gustaría escribir bien,
huyo del estilo barroco y frondoso y tal vez el resultado sea que soy un poco seca.

Entrevista publicada el miércoles, 29 de enero de 2014 en La Nueva España, firmada por P.R.

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