Francisco Villar, Ricardo Labra, Pepe Monteserín
y Marta Magadán en la Casa de la Cultura de La Felguera.
Ritos de paso y segregación que acaban en colisión. Luis
Miranda relata a su hijo Ricardo por qué, a los 17 años de edad, en 1936, se
alistó en una bandera falangista, y su experiencia en el frente militar hasta
que un disparo le atravesó el pecho. Al alimón, la esposa de Luis, Pilar
Aguilar, cuenta su guerra en la retaguardia. Su hijo Ricardo localiza los
escenarios, viaja hasta ellos y se documenta. De este trabajo se aprovecha su
hija Adriana para, al tiempo que la propia investigación y la historia de amor
de sus abuelos, relatar las vicisitudes de aquella pandilla de muchachos, a la
que pertenecía su abuelo. Estas son las piezas que usa Pepe Monteserín, para
escribir “Me levanté herido”, su última novela en que la utiliza ensayo,
diarios, historia y cartas epistolares.
La presentación del libro se realizó en la Casa de Cultura
“Alberto Vega” de La Felguera en un acto organizado por la asociación
cultural Cauce del Nalón en colaboración con el Club La Nueva España en las Cuencas.
En la presentación, el autor estuvo acompañado por Francisco Villar, presidente
de Cauce del Nalón, Ricardo Labra, escritor, y Marta Magadán, editora.
Ricardo Labra comentó que Monteserín está “herido de
literatura y sigue sangrando y alumbrando textos como éste”. Señaló que la
publicación tiene una arquitectura compleja, estructurada en tres partes,
inspirada en hechos reales, pero que termina siendo una mera fábula. También
recordó que es una novela de guerra, “al fin y al cabo el origen de la literatura”.
A continuación Pepe Monteserín mantuvo un diálogo con Marta Magadán, editora de
Septem, en que fueron explicando los motivos por los que se escribió y cómo ha
llegado a los lectores. El título es la clave del libro, “la historia
profunda está en esa frase” indicó el escritor, recordando que era lo que
su padre, combatiente en la Guerra Civil, le dijo en más de una ocasión. La
novela surge de la historia que su progenitor le iba contando en las
grabaciones que hizo en el año 2002. Explicó que la novela es “un homenaje
a mi padre y la reconciliación” y destacó que la contienda “fue una
guerra de buenos contra buenos” porque había gente con buena conciencia,
tanto en un bando como en otro. De hecho su padre, a pesar de combatir en el
bando ganador, le reconoció antes de morir que todos perdieron, “estaba
convencido de que él había perdido”.
Monteserín confesó que le preocupaba que la novela le
gustara a su padre, que falleció antes de que la publicación viera la luz. Pero
su madre, alma máter, le dijo por escrito lo que le había parecido: “Bien
enfocada, se ven todos los puntos de vista y es un exaltación a la paz”.
Asimismo comentó que está muy contento con la respuesta del público, sobre todo
con la gente mayor, que no se había acercado a sus obras hasta este momento.
Hizo referencia también Monteserín al extenso proceso de
documentación que comenzó con la hoja de servicios de su padre en la Guerra
Civil, desde las montañas asturianas a Teruel y la Sierra del Maestrazgo. El
escritor recorrió los mismos lugares que su padre porque el trabajo de campo le
parecía “absolutamente necesario” y en esas visitas “paraba a
todo mayor de ochenta años que se encontraba en la calle para
preguntarle”.
El escritor finalizó su intervención haciendo referencia al
enfado que suele acompañar a los profesionales que escriben, algo que él no
entendía antes de escoger esta profesión. Pero 21 años después parece
entenderlo, porque están en un medio que “trabaja con material de alta
sensibilidad y resolución, mientras que la realidad no cuadra, no es
justa”. Así que esa es la razón del cabreo, “porque estamos en un
mundo que no nos gusta”.
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