Iván de Santiago en LibrOviedo.

Jueves, 26 de junio, 19:30 horas, Ateneo de Santander (Calle de Gómez Oreña, 5, Santander)


El fin de semana del 23 y 24 de
mayo de 1981, justo tres meses después de que el golpe de Estado fracasase,
once personas atracaron la sede del Banco Central en la plaza de Catalunya de
Barcelona. En principio, se trataba de delincuentes comunes. Dentro del banco
había 600 millones de pesetas. El robo se complicó y la policía rodeó a los
asaltantes, que sorprendieron al país con sus exigencias para liberar a las 263
personas que habían tomado como rehenes dentro: que todos los inculpados en el
23-F, con Antonio Tejero al frente, salieran de la cárcel y se subieran a un
avión rumbo a Argentina que los distancie suficiente de la justicia española.
Conforme pasaron las horas de encierro, también pidieron comida, vino, heroína
y televisiones.

Ese episodio extraño, que duró un
angustioso día y medio, que movilizó a 1.340 agentes, y que resultó tan
desconcertante como a la postre poco documentado, es el que ha investigado el
abogado y escritor Iván de Santiago (Mieres, 1973) en su quinta novela, ’37 horas de mayo’ , que hoy jueves presenta en el Ateneo de Santander a las siete
y media de la tarde.
De Santiago, ágil de verbo y
entretenido de escuchar, expone de mano una duda principal que convierte la
historia en atractiva y que propicia un reguero de otros pequeños interrogantes
igual de sugerentes. Si los atracadores eran en verdad “poco menos que una
banda de yonquis de farmacia”, que luego se hicieron pasar por ultraderechistas
(según formalizó la versión oficial), ¿cómo dispusieron de una infraestructura
y unos medios que pusieron en jaque a todas las fuerzas de seguridad
nacionales? “Se ha escrito muy poco del caso, solo dos libros, así que hay
muchísimas teorías de la conspiración, hasta el punto de que tienes que dejar
de leer si quieres ser objetivo. Pero, dos generaciones después, nadie sabe qué
pasó en realidad”, subraya.
¿Cómo fueron capaces los
asaltantes de construir un túnel subterráneo, desde la cámara acorazada hasta
las cloacas, por donde pensaban escapar? ¿Cómo organizaron un golpe de ese
calibre, quién les financió? ¿Por qué comparecieron en el lugar de los hechos
de inmediato el ministro de Interior y el jefe de la Guardia Civil? Y, por
encima de todo, ¿por qué José Juan Martínez Gómez, alias ‘El Rubio’, un
electricista almeriense que entonces contaba 25 años y que lideró el atraco,
entró en la comisaría asegurando que les habían contratado para robar los
papeles secretos del 23-F, supuestamente depositados en el banco, y salió
después rumbo a la trena sosteniendo que su botín real era la millonada
custodiada en la caja fuerte? En todos estos interrogantes, que invitan a
sospechas de ‘Watergate’, escarba ’37 horas de mayo’, una ficción anclada en
una documentación profusa que se ha comido decenas de horas de sueño de este
abogado apasionado con su segunda condición. De Santiago es un escritor
fecundo, que en solo siete años ya ha publicado cinco novelas y un libro de
cuentos.
Esta última novela llega aupada
por las declaraciones que ‘El Rubio’ realizó en un programa de TV-3 cuando
salió de la cárcel hace cuatro años. Ante las cámaras, reiteró su primer
relato: le contrataron para hacerse con un maletín con documentos capaces de
desestabilizar el país por la cantidad de próceres a los que comprometían. “Son
los papeles que sacó del Congreso el capitán de la Guardia Civil Gil Sánchez
Valiente cuando se vio que el golpe de Estado iba a fracasar. Desapareció
después del 23-F, camino de Perpiñán”, indica De Santiago. Sus documentos
explicaban, presuntamente, la trama civil que habría respaldado en la sombra el
alzamiento de Tejero.
“No solo desapareció Gil Sánchez
Valiente. El cajero mayor del banco, que llevaba cuatro años trabajando, llegó
al día siguiente de la liberación de los rehenes, el lunes, contó el dinero, y
desapareció, nunca más se supo de él”, cuenta el escritor asturiano. ¿Y por qué
los ladrones apilaron 600 millones en el patio y no se llevaron ni un duro?”,
añade, ampliando la gran duda.
Hasta que el Estado desclasifique
los expedientes del 23-F dentro de 15 años, solo caben conjeturas más o menos
respaldadas. Pero si quieren posibles respuestas ya, compren el libro. Lo edita
Septem.
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