Marta Magadán, Xuan Xosé Sánchez Vicente y Triqui.
Era la primera vez que Emilio Huerta,
“Triqui”, concejal del Ayuntamiento de Oviedo e histórico
militante de CC OO, presentaba una novela, pero su veterano olfato le
llevó inmediatamente a certificar el tino de Xuan Xosé Sánchez
Vicente -en su tercera novela en castellano, “Bajo elviaducto”-, para describir los años “del movimiento
vecinal, del sindicalismo que no quiere ser correa de transmisión de
partidos, de las liturgias asamblearias o de las movilizaciones”.
Es decir, los hechos que Asturias vivió durante las reconversiones
industriales de los años ochenta y que Gijón conoció en particular
con el sector naval. Ese es el ambiente que recorre buena parte del
relato de Sánchez Vicente, que también consta de “la historia
personal del protagonista, Luis Roces”, como indicó Triqui a la
vez que calificaba el libro de “una parábola de nuestra
sociedad y política”, incluyendo una “valoración de la
Transición y el desencanto que vino después”.
El propio autor indicó ayer, durante
la presentación del libro en el Club Prensa Asturiana de La Nueva España, que “el paisaje de la novela es el de Gijón”, y
al servicio de “la historia de un personaje que entrega el
corazón, pero no valora bien la realidad”.
“Me veo reflejado en muchas
páginas de la novela de Xuan Xosé”, agregó Triqui al tiempo
que calificaba al autor como “un hombre al que le gusta la
política con mayúsculas”, y que ha realizado un “trabajo
constante por el partido que fundó, el PAS”. El presentador
reconoció con ironía que “siendo quien soy y estando alejado
de la lectura, en el primer capítulo de la novela tuve que tirar del
diccionario con 15 o 20 palabras, una demostración de lo culto y
lingüista que es Xuan Xosé”. Pero después la lectura ya fue
más fluida y ayer se detuvo en varios aspectos, por ejemplo, “la
lucha del sindicalista por su independencia sindical, y no como
correa de transmisión del partido”; o también “la
liturgia de las asambleas, o cómo se pueden manejar éstas y como
los partidos sitúan a sus fieles para que intervengan dando un giro
o preparando el engaño”. En esa línea, Triqui se acordó de
“la repetición de intervenciones encabezadas por la frase:
‘Como bien dijo tal…’; o el pelotas que intervenía, o aquel que si
no habla, muere; así que las asambleas duraban dos horas y salías
con barba”.
Pasadas aquellas luchas, “hubo
desencantos muy justos por cómo se desarrolló todo aquello”.
Al final, “en los terrenos de una fábrica industrial termina
montada la ‘Semana negra’, cuando el protagonista retorna como un
indigente”. Huerta también elogió “las dotes narrativas”
de Sánchez Vicente en los textos eróticos de la novela “que
tendrían que competir en el Premio ‘Sonrisa Vertical’, aunque no
ganara a Pedro de Silva, que fue primer premio, pero sí a Susana
Pérez Alonso, que quedó segunda”. Así pues, al final de su
intervención, Triqui desafió al autor: “Ahora, a escribir esa
novela erótica”. En la presentación también participó la
editora, Marta Magadán, de Septem Ediciones, que describió la
novela como “un pastel milhojas que entrelaza una historia
personal y una historia social de lucha, esperanza, ilusión,
traición, desesperación y rendición”.

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