Ana Zarauza
A la directora de la Escuela de
Hostelería, Ana Zarauza (Oviedo, 1968) le gusta mucho leer. Llevaba
tiempo madurando un libro que publicó el pasado febrero, “Algo que ocultar”, una novela negra ambientada en Llanes donde todos
se alían para esconder el asesinato de un contratista.
-Llanes, un caserón, un romance de
época entre criados y señores… ¿se ha inspirado en “La
Señora”?
-No la vi, me inspiré en tipos de
novela del estilo nórdico, algún escritor español como Lorenzo
Silva, que son un referente. Más en el tipo de novela que la
ubicación, porque yo tengo casa en Póo y me encontré cómoda para
poder centrar allí la novela. Llanes en cuanto es puerto del
Cantábrico, ya le da un halo de misterio. Luego, esa historia tan
importante de las casonas de indianos, sobre todo la arquitectura.
Mezclé un poquito todo, el turismo es algo en lo que me encuentro
muy a gusto.
-¿Cómo saltó del turismo a la
literatura?
-Sigo con el turismo, esto lo tengo
como afición. Iba conduciendo, a hacer una auditoría a un hotel y
dije, “venga, me voy a escribir”, y lo grabé: tenía que
ser un hotel, porque yo buscaba lo que conozco. Casona de indianos
reformada en hotel, y esas cuatro líneas las grabé el 26 de julio
de 2011. A partir de ahí empecé a idear la novela.
-¿Qué dificultades afrontó como
autora primeriza?
-A la hora de escribir el libro,
desconocía totalmente el proceso. Me llevó muchísimos años. A mí
me encanta leer, es el arma que tenía, que he tenido que describir
en muchísimas ocasiones por mi trabajo, pero cometí errores porque
como no tenía un esqueleto de lo que iba a pasar, se me iban
ocurriendo cosas en el momento que hacían que tuviera que rectificar
el principio, porque ya no encajaba. Me llevó tiempo porque tuve que
corregir mucho. Me costó inicialmente que llegara a las librerías.
Claro, soy desconocida, dirán, “vete a saber de qué va esto y
el bodrio que ha escrito”. Luego poco a poco, con presentaciones
y a base de la gente insistir y pedir el libro, sí fue apareciendo.
-¿Empleó documentación?
-Muchísima, porque independientemente
de que tú te puedas inventar la historia tiene que ir con un sentido
coherente y con rigor. Desde cómo funciona el protocolo del 112
hasta la historia de casonas de indianos, cómo están
estructuradas… pero esa investigación fue superentretenida.
-¿Qué opinará la Guardia Civil de la
tensión sexual entre una pareja del Cuerpo?
-Digo yo que en alguna ocasión habrá
pasado. A lo mejor alguno se lanza (ríe). No lo sé, nunca se me
había planteado, pero espero que les guste, porque la novela es
entretenida; resuelven el caso, no están mal parados.
-¿A la hora de escribir da más
importancia a la corrección o a un estilo desenfadado?
-Ambas, porque me gusta que sea
correcto, estuve muchas veces buscando la palabra exacta. Espero
haberlo logrado, pero la otra parte también es importante.
-¿Cómo creó a los personajes de la
novela?
-En un principio quería que la chica
(Julia, guardia civil) fuera protagonista, lo que pasa que para que
hubiera esa tensión sexual tenía que aparecer un chico de fuera,
porque no podía ser un compañero. Luego, para Raquel y Álex (los
dueños de la casona), quería una pareja con muchos problemas
familiares porque es una situación normal. Una de las cosas que
pretendía es que se viera real.
-¿Qué parte del proceso de escritura
le es más placentero?
-El final, me encantó, yo creo que
hasta me reía y todo. No sé si será correcto o no, pero escribí
el libro para ese final. Quería que fuera sorprendente. Lo tenía
claro y no el principio, lo conduje todo para ese final.

-¿A qué tipo de lector está dirigida
su novela?
-Inicialmente pensaba sobre todo en
mujeres y a partir de los 30, pero me confundí; hay mucha gente
joven a la que le gusta, sobre todo en Llanes. Madres que dicen: “Mi
hija lo está leyendo y le está encantando”. Incluso amigos de
mis hijos, igual por tener al autor cerca.

-Cuéntenos sus siguientes proyectos.

-Estoy con la segunda novela, porque
quiero dar continuidad a estos personajes y a ese momento en que
finaliza el libro. Mucha gente me dice: “Ana, continúa”.
En el momento en que terminé, estaba dispuesta a iniciar la segunda
porque me desborda la imaginación. Se me ocurren un montón de
tramas diferentes. Ahora empecé de una manera diferente: tengo un
esqueleto bien montado, un perfil de personajes y llevo veinte
páginas. Tengo ganas de dedicarle tiempo porque todavía tardará.

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