Gris arranca con un sueño de su protagonista. Se trata de un sueño recurrente que la acompaña todas las noches y en que la sensación de ahogo parece ser real.
Los sueños se intercalan con su rutina diaria, presidida por el monótono trayecto en Metro, en la línea gris, la circular, de casa al trabajo y del trabajo a casa: un hombre que estornuda sobre su brazo, un fracasado suicida que se lanza a las vías, un drogadicto pidiendo limosna, un insecto que aparta de un manotazo, una mujer embarazada a quien ceden el asiento, el encuentro fortuito con una vieja conocida, un hombre bebido que quiere invitarla a comer, las lecturas de los compañeros de convoy, una señora vendiendo preservativos, otra mujer recitando pasajes de la Biblia…

 

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