El Salón de Té del Teatro Campoamor de Oviedo fue el escenario elegido ayer, lunes, para la presentación del libro “Desde la plaza del Carbayón”, de Luis Arias Argüelles-Meres. Una obra en la que refleja «desde las primeras líneas, su profunda relación con Oviedo», tal y como explicó el concejal de Cultura, Roberto Sánchez Ramos, que ejerció de anfitrión y presentó al autor junto a Marta Magadán, editora de Septem. Un salón que se llenó para escuchar a Luis y sus memorias sentimentales. Entre el público, representantes de la vida social, política y cultural de la ciudad que no quisieron perderse el primer acto literario que se hace en el Campoamor.

Abrió el acto la editora de Septem, que señaló que Arias en este libro «nos hace un regalo ajustado con el lazo de la memoria sentimental, que es capaz de tornar colectiva». A través del libro, su autor aspira a compartir con el lector vivencias que dan cuenta no sólo de un tiempo y una ciudad, sino también de un intimismo que se expresa con delicadeza y pulcritud a través de un estilo muy personal.

A continuación, tomó la palabra el concejal de Cultura y Presidente de la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo, Roberto Sánchez Ramos, que se sumó a los recuerdos de una ciudad con una gran historia, y consideró esta obra como «un gran regalo para Oviedo porque las ciudades sin memoria pierden su identidad», algo que no sucede con la capital asturiana «gracias a libros como este, que huelen a papel de imprenta y tinta fresca».

El escritor reconoció que ha sido «muy especial» escribir estos «textos de memoria, lejos de la política; dar forma de nuevo a los recuerdos que dan sentido a la vida y a los seres queridos».

“Desde la plaza del Carbayón” es el recuerdo de treinta años de historia de Oviedo, desde su infancia en esta zona, un breve periodo de dos años en la calle Santa Susana y la juventud vivida en la calle Toreno. Cuenta Luis Arias que a pesar de recorrer en estos escritos un periodo de solo treinta años, casi puede decir que ha vivido «tres siglos» porque siendo un niño «desde el mirador de mi casa aún veía, junto a mi madre, el paso de los carros de caballos con leche», rememoró, dándole a esa época un toque nostálgico que retrotrae al siglo XIX.

Siguen después los artículos de la época de la dictadura, para llegar después a los años setenta y ochenta, «cuando se produjeron los grandes cambios en nuestra sociedad y los de Oviedo, sin lugar a dudas, pueden compararse con el resto de España». Está seguro de que es así porque «aquella era la época de los sentimientos, de la ternura, de los sueños, de las esperanzas, de los miedos…». Las calles conservaban además «la atmósfera del pasado, pero se percibían ya en todas partes esos cambios» que el escritor expresa en una obra que sitúa «en el género de la memoria, el diario íntimo, la poesía lírica… Donde se puede dar rienda suelta a los sentimientos».

Antes de finalizar su intervención y dar paso a las preguntas de los asistentes, el escritor reiteró su debilidad por «esos lugares que forman parte de la memoria sentimental, algo que atrae aún más, y motiva e inspira a la hora de escribir estos relatos». Le resulta «imposible» no poner en valor la «educación sentimental de aquellos años» y nuevamente los recuerdos, «porque cuando uno se recuerda a sí mismo, siempre hay poesía».

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