-¿Ha sido la suya una vocación literaria tardía?

-No. Llevo toda la vida escribiendo. Sólo que en los últimos años ya me dedico exclusivamente a la literatura. Y la vida pasa y llega un momento en el que te das cuenta de que o publicas ahora o no publicas. Había escrito una novela poco comercial, de 700 páginas, la autoedité y tuvo una buena acogida. Para la segunda hablé con Septem, lo valoraron positivamente y estoy encantado.

-¿Para esta segunda fue, entonces, más comedido?

-Está estructurada de otra manera, tiene algo más de doscientas páginas, con ritmo y lectura muy ágil, que engancha.

-¿Por qué eligió el año 1973 en Barcelona?

-Porque es la época fundamental para entender la transición española. En Barcelona, los finales de los sesenta supusieron una expansión económica. Esa época coincide además con una generación de jóvenes del baby boom de los 50 que tienen veinte años. Se crea una necesidad de cambio tremenda, está la influencia de mayo del 68, el acceso a la Universidad, el movimiento hippy, la experimentación con drogas, la época del LSD, empezaba la heroína…

-Usted es parte de esa generación.

-Sí. Me interesaba desarrollarla en parte por eso. Y necesitaba una ciudad que cumpliese esos requisitos y fuera atractiva desde el punto de vista literario. Barcelona probablemente sea la ciudad más novelada de Europa. Y además en aquella época, justo en el momento en que hay una inmigración enorme de los pueblos a las ciudades llega la crisis del petróleo, se producen tensiones, hay una reconversión, un gran movimiento sindical, una lucha por la libertad, por la democracia. En ese contexto se sitúa la novela.

-¿El hecho de que el protagonista de la novela sea un terrorista la apunta a la literatura de género?

-Un componente de thriller sí lo tiene, en el sentido de que engancha y quieres saber cómo acaba. Pero la novela pretende dar una visión de la transición a través de un personaje muy turbio y poco convencional. Y en 2013 regresa a Barcelona, ya viejo, y se encuentra con la crisis económica, surgen cosas y tiene la ocasión de observar los cambios que se produjeron en la ciudad.

-¿Qué queda de aquél espíritu del 73?

-Como generación, una cierta sensación de fracaso que yo deseaba trasladar en la novela. Estamos dejando un mundo que no se corresponde con lo que esperábamos. Nuestra generación tenía mucha ilusión, la pirámide de población era ancha, los jóvenes luchábamos contra el paternalismo, contra la dictadura, queríamos conquistar la libertad y estructurarla a nuestro estilo. Indudablemente, el resultado no es para tirar cohetes y la sensación que hay es de un pesimismo tremendo. Hoy está la sensación de no haber hecho las cosas bien, la corrupción ha desgastado totalmente a la sociedad, y quienes vivimos aquello con ilusión nos sentimos un poco frustrados. La novela intenta reflejar eso, pero traslada que la vida sigue y en cierto modo abre una puerta a la esperanza.

-¿Y qué ha cambiado de la Barcelona de entonces?

-Yo conocí aquella Barcelona y en la novela reflejo aquella vida, la separación que había entre la sociedad burguesa y los obreros. Incluso el mar, que entonces era una porquería. La Barcelona actual se ha convertido en un parque temático, que es lo que sorprende a Didier.

-Eso lo opina el protagonista y usted también, ¿no?

-Sí. Yo creo que sigue siendo una ciudad muy atractiva y muy ricam pero la riqueza ya es paralela a una realidad turística que está condicionando totalmente la economía de la ciudad. Sin ese turismo, a Barcelona le costaría salir adelante.

-¿Buscó alguna referencia directa a la hora de elegir el estilo?

-De los autores españoles muertos me gustan Cela, Delibes, Umbral y también Luis Martín Santos en “Tiempo de Silencio”. Y luego, como referente de estilo, me gustan los autores periodistas, porque utilizan frase corta, son muy precisos, nunca trasladan todo, describen la punta del iceberg y dejan que el lector lo complete. Un referente es Hemingway. Mi respeto por el periodismo en cuanto escuela, por su precisión. Me encanta la frase corta, la agilidad mental que aporta el periodismo. La vieja literatura llena de grandes frases con matices ya no tiene sentido.

 

El médico y escritor noreñense Toño Argüelles (1954) acaba de publicar la novela “Lobos disecados”. La historia está ambientada en la Barcelona de 1973, y cuenta la historia de un terrorista francés que acude a la ciudad a distraer la atención para favorecer un atentado en Madrid.

“La corrupción ha desgastado totalmente a la sociedad”

“A la generación del 73 nos queda una cierta sensación de fracaso que yo deseaba trasladar en la novela”

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