El miércoles 31 de mayo a las 20:00 horas el Salón de Té del Teatro Campoamor, dentro de Las Tertulias del Campoamor, acogerá la presentación de la nueva novela de Iván de Santiago “Allá donde estés”. La novela. Se trata de una obra histórica, basada en personajes y acontecimientos reales: el expolio de arte nazi y el mundo de ETA.

Iván de Santiago (Mieres, 1973) reparte su tiempo entre la abogacía y la literatura. «Soy abogado y escritor al cincuenta por ciento», se confiesa. Con una media de una novela cada dos años, este 2017 tocaba ya sacar nueva obra. ‘Allá donde estés’ sumerge al lector en dos épocas diferentes marcadas por el horror del fanatismo de la maquinaria nazi y del terrorismo en los años duros de ETA.

-Entre su faceta de abogado y escritor. ¿Cuál pesa más?

Siempre digo que soy escritor de devoción y abogado de profesión. La abogacía me lleva dando de comer veinte años y espero que lo haga mucho más, pero la escritura es una pasión. Tengo la suerte de poder sacar una novela cada dos años. Hay mucho del escritor en el abogado y mucho del abogado en el escritor.

-¿No será un Doctor Jekyll y Míster Hyde?

No, no… la estética siempre es la misma (risas).

-Presenta nueva novela, ‘Allá donde estés’. ¿En qué historia nos sumerge?

Quería escribir de pintura y uno de los episodios del que queda mucho por conocer es el expolio de arte nazi.

-¿Y ahí centra su novela?

El eje fundamental es qué pasó con el expolio del arte nazi y cuánto nos queda por saber. Se habla de que puede haber 170.000 cuadros sin recuperar.

-Entonces, ¿es una novela de investigación, intriga, hay historia de amor de por medio?

Es una novela histórica pero que tiene personajes que van a sonar mucho pero que no te lo puedo contar (risas).

-¿Sería un ‘spolier’?

Solo te cuento una cosa, todos los cuadros que en la novela digo que están desaparecidos, lo están, eso es totalmente cierto. Todo lo que yo cuento del expolio del arte nazi es cierto y además como yo tengo una mente muy enferma y eso me parecía poco, lo relacioné con el impuesto revolucionario a ETA.

-¿Eso sí lo puede contar?

Para descubrirlo hay que leer la novela.

-¿Qué fue lo más difícil a lo que se enfrentó con este libro?

Fue un coñazo la labor de documentación (risas). Fue horrible.

-¿A dónde le llevó esa labor documental?

Al cine, a la novela y un libro de Héctor Feliciano que se llama ‘El museo desaparecido’ que hizo que aparecieran cuadros y se devolvieran.

-¿Y se encontró con alguna sorpresa?

Te encuentras cosas muy curiosas. Esta novela surgió porque leí una noticia en la que se hablaba que había aparecido un cuadro de Róbert Berény, ‘Mujer dormida con jarrón negro’. Apareció gracias a la película ‘Stuart Little’ en la que se ve un cuadro de ‘atrezzo’ de esta obra que llevaba desaparecida desde 1928 y que fue robada a una familia húngara. Lo descubrió un profesor de arte tras ver la película. Yo empecé a escribir con esa idea y luego los personajes me llevan. Nunca sé cómo van a acabar mis libros.

-¿Alguna vez pensó en escribir sobre algún caso que haya llevado como abogado a la literatura?

No. Pero si algún incidente procesal.

Seguro que existe alguno que es digno de hacer literatura sobre él

No puedo, secreto profesional, pero habría muchos.

-En su CV se aprecia que, además de abogado, usted es perito calígrafo y diplomado en lengua italiana y profesor de la escuela de práctica jurídica de Asturias. ¿Saca tiempo para todo ello?

La literatura la hago a base de renuncias, de quitar tiempo a mi familia. De hecho, la dedicatoria de esta novela se la hago por primera vez a mis dos crías. Ellas saben que, un domingo que yo me pongo a escribir, me encierro como en un búnquer.

-La conciliación brilla por su ausencia.

Yo creo que la conciliación la va a lograr la siguiente generación, la de nuestros hijos.

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