En 2003, Armando Murias Ibias sorprendió a propios y extraños ganando el Premio Letras de Novela Corta, que convoca Septem Ediciones, con su primera obra, ‘Los zapatones de quincallero‘. Ahora, en su regreso a la escena literaria con ‘Nómadas‘, su segunda novela, este doctor en Filología Hispánica y profesor del gijonés Instituto Jovellanos vuelve a causar el mismo impacto de entonces. Su nueva trama, mezcla de realidad y ficción, habla de la mina, de la amistad, de la inmigración, del idealismo, de la supervivencia, del Valle de Laciana, de Oviedo, de Gijón… Y, aunque se desarrolla en tiempos de la Transición, bien podría ser una historia de hoy en día.
-¿Por qué eligió esa época para reecontrarse con la narrativa?
-Pues por la incertidumbre en que vivíamos. En concreto, está localizada en 1976, un año muy importante en la historia de este país. Franco acababa de morir, Adolfo Suárez juraba el cargo de presidente y nadie sabía por dónde iban a ir los tiros. Estaba reciente la Revolución de los Claveles de nuestra vecina Portugal, pero, como contrapunto, teníamos el golpe de Pinochet en el Chile de Allende. En fin, que podía pasar de todo. Todavía estaba por llegar la legalización del Partido Comunista y la mayoría de los luchadores antifranquistas seguían en el exilio, pero, así todo, se vivía con una gran intensidad e ilusión.
-Y en ese marco sitúa a unos personajes que representan mundos totalmente contrapuestos…
-Así es. Por un lado, está Ricardo un agitador universitario de ideología trotsquista, que representa el idealismo, el espíritu revolucionario, la lucha de clases y, por otro, Joao Afonso, un inmigrante caboverdiano, recién llegado de la antigua colonia portuguesa, para quien lo más importante es la supervivencia, abrirse camino e iniciar una nueva vida lejos de su lugar de origen.
-¿Y en realidad saben hacia dónde van?
-Joao Afonso, sí. Roberto, no tanto, puesto que en algunos momentos da la sensación de que mea fuera del tiesto. Por ejemplo, cuando intenta boicotear la ópera de Oviedo con el propósito de hacer la revolución, sin siquiera darse cuenta de que allí no saben qué es eso.
Los primeros inmigrantes
-Dejando a un lado la cuestión revolucionaria, la historia es extrapolable a la actualidad. La inmigración, el mestizaje, la desigualdad están muy presentes en la obra. ¿No le parece?
-Cierto. Pese a todo hay que dejar constancia de que por aquel entonces España aún proporcionaba mano de obra a la Europa industrializada y que mucha gente seguía acudiendo a la vendimia francesa, mientras aquí apenas llegaban inmigrantes. La excepción eran los portugueses, y en particular los caboverdianos, que se sentían libres tras la revolución, pero también pobres de solemnidad. Algo similar a lo que pasaba en Mozambique o Angola, donde la obtención de la independencia paradójicamente les había obligado a emigrar. Lo curioso es que aquellos caboverdianos que emigraron a la metrópoli acabarían siendo unos de los primeros inmigrantes de raza negra que llegarían a España, al no encontrar en Portugal aquello que buscaban.
-La acción de ‘Nómadas’ se desarrolla en la mina. ¿Quizá porque es dentro de este mundo donde más se agitan las conciencias?
-Sí, claro. La mina es dura, todo el mundo lo sabe. Yo mismo pude comprobarlo en los cuatro veranos que trabajé en ella siendo estudiante. Y es dura no sólo por el trabajo en sí, sino porque te hace vivir situaciones límite. Los dos protagonistas de la historia son vagoneros cuyo cometido consiste, simple y llanamente, en empujar vagones. La fuerza es la que manda y el diálogo es escaso, así que el papel que cada uno juega dentro de la explotación es del todo contrapuesto. Uno es un intelectual con conciencia de clase y el otro un africano que intenta adaptarse cuando ni siquiera tiene botas de goma para trabajar.
-El tema de la revolución lo aborda desde dos perspectivas totalmente diferentes. ¿Cuál de los dos personajes piensa que es más revolucionario?
-En principio, Ricardo, que es el estudiante idealista que milita en un grupo radical. Sin embargo, Joao, para quien lo más importante es ganarse el sustento, es el que protagoniza el hecho verdaderamente revolucionario que habrá de cambiar sus vidas por completo.
-Y la amistad, ¿qué papel juega?
-Fundamental. Sobre todo porque es un tipo de amistad llena de roces entre dos personalidades totalmente opuestas, una culta y la otra no.
El reencuentro
-¿Qué supone para usted reencontrarse con la literatura?
-Pues una gran satisfacción. Durante todo ese tiempo he ido compaginando mi trabajo como profesor de Lengua y Literatura con el de investigador filológico y con el de narrador. Volver a la novela es un reto importante para mí, que afronto gracias a que los premios son como cheques al portador que te permiten seguir publicando.
-¿Siente que ha evolucionado?
-Espero que sí. En mi primera novela he visto algunos fallos que creo haber corregido y sinceramente pienso que esta segunda obra está más lograda, entre otras cosas, porque está más cuidada.
Usted que ha publicado trabajos de investigación, en concreto sobre semántica y toponimia asturianas, ¿qué futuro le ve al asturiano?
-Muy halagüeño. Va a ir a más, nunca a menos.
-¿Es partidario de la cooficialidad?
-Sí, aunque es sólo un trámite oficial. Lo más importante es el valor que le den los ciudadanos a la llingua.
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