El periodista y crítico musical Manolo D. Abad (Oviedo, 1968), colaborador de ‘Les Noticies’ y ‘El Súmmum’ entre otras publicaciones, se da a conocer como escritor con ‘Vasos sucios en la madrugada’ (Septem), un libro que reúne catorce relatos cortos.
Después de muchos años dedicándose al periodismo musical, ‘Vasos sucios en la madrugada’ es su primera incursión en la narrativa de ficción.
¿Se trata de un camino que empezó a explorar recientemente o estamos ante el primer fruto de un esfuerzo largo y silencioso?
Soy una persona que no confía demasiado en sus posibilidades. Siempre estuve muy centrado en la crítica musical, y cuando pensé en dedicarme a la literatura, en 1998, se cruzó en mi camino la revista ‘Interferencias’, que no me dejaba espacio para más porque me ocupaba mucho tiempo. Fueron unos años muy bonitos, pero, en un momento dado, pensé que merecía la pena pararse y comenzar a trabajar ese aspecto literario que había dejado suspendido. Escribí un primer libro de relatos, ‘Insolaciones’, que se ha acabado quedando inédito y ‘Vasos sucios…’ fue gestándose desde el año pasado, cuando me planteé escribir una serie de relatos desde una perspectiva diferente, siguiendo una línea narrativa más tradicional, y la editorial se interesó enseguida.
Leyendo el libro queda claro que los relatos que lo componen fueron escritos con una intención unitaria, que la idea es que todos ellos formen un conjunto homogéneo.
Sí. Siempre trabajo con una idea general que va teniendo ramificaciones. ‘Insolaciones’ estaba centrado en el calor, en el modo en que nos influye, en una línea similar a ‘El extranjero’ de Albert Camus. En este caso, lo que me interesaba era tratar el tema de la delación desde varios puntos de vista distintos, y siempre contando una historia que tiene su punto central en el crimen, pero que, a la vez, encierra otras muchas historias dentro. De algún modo, esos crímenes, que cada vez se narran desde una perspectiva diferente, desde personajes que se relacionan de formas distintas con el hecho criminal, dan pie a otros temas que también están ahí: el azar, la fina línea que separa la vida de la muerte, la fragilidad de las relaciones humanas cuando están expuestas a situaciones críticas…
De hecho, aunque el libro pueda considerarse, de un modo general, una obra de género negro, cada uno de los cuentos va ahondando en distintas problemáticas que muchas veces acaban alejando las historias de ese enigma que planea sobre casi todos los relatos.
Sí. Creo que no de los grandes aciertos de la serie negra fue que no se quedó sólo en historias criminales y trascendió las tramas ‘mecánicas’ de autores como Agatha Christie, que se centraban en un misterio y en su resolución. El género negro se enriqueció mucho hablando de otras cosas, ampliando su ámbito a temas sociales. Además, sirve para hablar de la realidad desde un punto de vista muy interesante. En mis relatos hay muchas sugerencias que alejan los textos de lo que podríamos considerar serie negra típica. Quizás el único cuento que se puede definir como típicamente negro es el último ‘Blackout’, que fue escrito precisamente con esa intención, aunque de todas maneras también hay ahí muchas referencias con las que quería darle más matices a la historia.
Además de describir esa realidad, hay bastantes momenos críticos contra esa misma realidad.
Por supuesto. Muchas veces acabamos dándole la espalda a la realidad. Como escritor, como persona y como lector me interesa mucho la realidad en la que vivimos. Es algo tan apasionante que algunas ocasiones parece que la gente le tiene miedo, que no se atreven a vivir la vida con tdas sus consecuencias. Creo que podemos definir la sociedad en la que vivimos como ‘la sociedad del silenco’, igual que en aquella canción de Lagartija Nick en la que cantaban aquello de ‘la sociedad del silencio vuelve a enmudecer’. Muchas veces quedamos mudos, cerramos los ojos ante situaciones que están frente a nosotros, nos engañamos diciendo que no tienen nada que ver con nosotros, cuando la verdad es que lo que no queremos es sufrir ni padecer ni involucrarnos en nada.
La razón de la ficción
En ese sentido, en ‘Vasos sucios en la madrugada’ hay relatos que parecen inspirados en experiencias vividas por usted en primera persona, pero también otros que tienen que ver con las historias que leemos en los periódicos.
Sí. Hay relatos que están inspirados en noticias muy concretas, pero jamás tomo una situación para desarrollarla tal cual es. Puedo coger esa situación y llevarla al punto de vista de alguien. A partir de ese momento, la historia corre libre y el contenido que se le acaba dando puede ser totalmente distinto a la realidad. Se trata de partir de un acontecimiento e imaginar, que para eso estamos hablando de narrativa de ficción.
En el libro aparecen una serie de tópicos cercanos al mundo de la música, y más concretamente del rock.
El término ‘tópico’ me parece excesivo. El otro día, Silvia Grijalba y yo hablábamos de que existe una generación, que es la mía, que está muy influída por la música porque fue un elemento que nos llevó a mucha experiencias o que nos vino acompañando a lo largo de nuestra vida. Creo que en el libro la música es algo que está presente y que acompaña a algunos personajes, pero también hay otros que no tienen nada que ver con ella.
Me refería a que todo el libro respira ese ambiente noctámbulo que se relaciona con la estética del rock, y que es algo que se refleja ya en el mismo título y en la foto que ilustra la portada.
Es verdad que el título y la portada pueden marcar un poco ese camino, pero no es la tónica general del libro. Por ejemplo, el cuento ‘Mata a un jubilado (No es pecado)’ no tiene nada de nosturno ni está cercano a esa estética del rock de la que habla, aunque lleve el título de una canción de los primeros años de Seguridad Social y tampoco en ‘La memoria del búho’ aparecen esos elemntos, aunque sí es cierto que la nocturnidad juega un papel importante. Me parece un elemento muy rico para narrar historias.
Sencillez expresiva
Los autores noveles suelen caer en el pecado de incurrir en un barroquismo excesivo o de buscar un lucimiento en el uso del lenguaje que no se ve en ‘Vasos sucios en la madrugada’. Usted hace una apuesta por un estilo sencillo, con una adjetivación muy ajustada y despojado de elementos retóricos, que resulta telegráfico en algunas ocasiones. Una búsqueda de la sencillez.
Una sencillez que muchas veces es lo más difícil de encontrar. Opto por eso, y además es una opción que me gusta y me parece muy atractiva, pero no por ello exenta de dificultades. Quizás el hecho de que un autor novel no busque tanto el barroquismo tenga que ver con que estoy empezando más tarde de lo que empezaron otros (risas).
Como ya hemos dicho, ‘Vasos sucios en la madrugada’ es el libro con el que usted debuta como narrador de ficción. ¿Tiene entre manos algún proyecto que le siga llevando por ese camino? ¿Piensa volver a centrarse en el periodismo musical?
Estoy trabajando en otro libro de relatos que quiero terminar dentro de un mes o un mes y medio, con la intención de sacarlo lo antes posible, quizás a principios del año que viene, siempre que a la editora le guste. La idea es que sea algo parecido a ‘Vasos sucios en la madrugada’, en el sentido de que también va a ser una obra unitaria, aunque en esta ocasión, el aspecto criminal no va a tener una importancia tan grande ni va a ser el desencadenante de todas las tramas, que sí van a estar protagonizados por personajes en situaciones extremas.
Al mismo tiempo, estoy pensando en otros proyectos. Hace unos diez, en la época en la que empecé a editar ‘Interferencias’, estaba escribiendo una novela que se quedó sin acabar y que quizás retome ahora, pero no lo tengo claro. Lo que sí sé es que estoy atravesando una buena etapa creativa: Tengo bastantes ideas y voy tomando nota de todas ellas, aunque aún no sé dónde me van a llevar.
Entrevista realizada por MIGUEL BARRERO.
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